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jueves, 10 de agosto de 2017

El referéndum catalán


El 1 de octubre, según los planes del gobierno catalán y la mayoría parlamentaria que disfruta, se ha convocado un referéndum con una pregunta escueta: si quiere que Catalunya sea un estado independiente. Además, se añade otro requisito: “de formato republicano”. Así se distingue de los casos sueco y danés, como ejemplos europeos de Estados independientes, pero con monarquías parlamentarias.

Se acepta la exigencia de los partidos y formaciones independentistas-republicanas de borrar otra de las características del sistema político español. Con este perfil se convirtió en moderadamente cuasifederal con la aparición de las autonomías regionales englobadas en una estructura política parlamentaria bajo la cobertura de una monarquía hereditaria creada por el franquismo.


Esta es una columna de Joaquín Roy, catedrático Jean Monnet y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.


Según numerosos analistas, se avecina un “choque de trenes” espectacular, con numerosas víctimas y daños colaterales. Según otros observadores (los independentistas, liderados por el propio gobierno catalán), en realidad no habrá tal choque, ya que uno de los trenes evitará al otro que se habrá equivocado de vía.

Según los más optimistas del gobierno español, tampoco el choque se producirá ya que lentamente el suflé del proyecto de referéndum en Catalunya se desintegrará y todo volverá a su normalidad.

Regresará a una variante más del autonomismo que fue la fórmula práctica de resolver el centralismo del régimen franquista (1939-1975) dando una modesta apariencia de asimetría.  Solamente se distinguía entre “regiones” (mayoría de 14) y las llamadas “nacionalidades” históricas (las otras tres: Catalunya, País Vasco y Galicia).




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