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jueves, 3 de agosto de 2017

“Las mujeres kurdas garantizan la liberación del pueblo”


Jin es el nombre que elige para contar su historia. Por supuesto, no es un nombre real. Llegué a Jin (que significa “Vida” en kurmanji), después de un mes de intercambios de correos electrónicos. Idas y venidas, y días de espera. Hasta que me avisaron que llamarían por teléfono. En la era de las telecomunicaciones instantáneas, el teléfono de línea. Por seguridad, me explicaron. Entre ella y yo se escuchan frituras, y no es para menos. La comunicación se corrige un poco, ahora la voz es más clara. Hablamos la misma lengua. Por eso la insistencia en hablar con Jin. Porque es una de las pocas personas, tal vez la única, que habla español en el norte de Siria (Rojava).




Le pido que me dé algunos datos personales para, al menos, contar un fragmento ínfimo de su vida. No son muchos. Jin los enumera rápidamente: nació en un pequeño pueblo del Kurdistán turco, llegó a Rojava hace tres años, participó en varias operaciones de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG/YPJ) como asistente sanitaria, ya que forma parte del Comité de Salud en el cantón de Cizîre. Con apenas 22 años, colabora con los médicos y ayuda a los heridos que llegan luego de los combates contra el Estado Islámico (ISIS).

Le pregunto por qué viajó a Rojava a sumarse a la lucha por la liberación de ese territorio, fronterizo con Turquía, y que desde hace varios años atraviesa un proceso social y político que estremece a Medio Oriente. “Me sumé por influencia de las mujeres y hombres kurdos que conocí en el lugar donde vivía”, sintetiza en un español dificultoso pero tranquilo.

Jin recuerda que su familia no era “patriota”, como se les dice a quienes apoyan las lucha por la liberación de Kurdistán. “Más bien estaba ligada a partidos de centro derecha, conservadores turcos, sobre todo mi padre”, cuenta. “Conocí mi kurdicidad dentro de la revolución de Rojava. 

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