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jueves, 3 de agosto de 2017

Shongai, un ejemplo a seguir


África, el continente más fecundo y biodiversificado del planeta, viene padeciendo desde hace siglos el acoso de los hombres blancos y algo más recientemente el de los amarillos que no cejan en su empeño de adueñarse de sus enormes recursos a costa del hambre, de las epidemias evitables y de la generación de conflictos tribales destinados a diezmarles. Un continente que para mejor dominar ha sido subdividido en 54 pequeños países debilitados política, económica y socialmente pero que poco a poco comenzarán a despertar como está sucediendo actualmente con la República de Benín en la que desde hace algunos años se está desarrollando con éxito un ambicioso proyecto de transformación socioeconómica con el apoyo del FFSA (Fondo fiduciario para la solidaridad africana) de la NEPAD (Nueva Alianza para el Desarrollo de África).

En este pequeño país de apenas 112.000 km2 y más de 10 millones de habitantes se está desarrollando un proyecto integrador llamado Shongai cuyo objetivo central es la búsqueda y la obtención de la felicidad, un bien escaso y pocas veces alcanzado no solo en el África sino en todo el mundo.




Evitar el éxodo rural, la fuga de cerebros, la desesperanza de los jóvenes, la degradación ambiental, fueron los hitos centrales de una búsqueda que ya ha comenzado a dar sus frutos. Shongai nació para revertir un orden mundial signado por el egoísmo, la ambición inescrupulosa y el desdén con que han sido tratados los pueblos africanos. Restaurar la dignidad de su gente, devolverle la confianza y la esperanza constituyen la base de esta valiosa experiencia.

Shongai se propone y lo está consiguiendo recuperar la nobleza del trabajo agrícola ofreciéndoles a los jóvenes la posibilidad de elegir y no de sufrir esa actividad para que con una adecuada formación les permita la producción de ingresos para sus familias, para sus países y para el continente.



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