Pero estos datos muestran una realidad mucho más preocupante y singular: la principal puerta de entrada y salida de capital es Suiza. Por segundo año consecutivo, el paraíso fiscal ha sido el principal inversor extranjero en la UE con más de 90.000 millones de euros de inversiones directas por parte de empresas o fondos. En la dirección contraria, el país helvético es también el principal receptor o canal de inversión por parte de los países de la UE por un valor de 60.750 millones de euros. Esta última cifra resulta más llamativa todavía si tenemos en cuenta que las inversiones en Suiza en 2016 fueron de 1.601 millones, lo que supone un incremento de 38 veces más.
Parece muy extraño que un país que no tiene una industria notoria pueda ser el principal receptor de inversión europea, pero existen dos factores clave: la industria financiera y sus ventajas como un paraíso fiscal. Según explica Santiago González, de Unión Sindical Obrera e integrante de la Plataforma contra los Paraísos Fiscales, las ventajas que el país ofrece a los inversores y depositantes ofrece una gran rentabilidad. Ese exceso monetario, más esa estabilidad en los depósitos, “permite a los bancos comprar deuda de otros países o dar créditos y 'crear' dinero que sí puede ir a otras plazas para obtener rendimientos más especulativos”, matiza González.

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