En mayo de 1975 fue asesinado Roque Dalton. Las razones nunca existieron. Los perpetradores, un grupo que pretendía tener la razón y por ello actuó de esa manera. Pero ocurre que los asesinatos son siempre eso: asesinatos. No hay nada que los justifique. Y en este caso hubo autores materiales e intelectuales. Jorge Meléndez es uno, Joaquín Villalobos es otro. Es cierto que combatieron durante años, incluso fueron notables combatientes, pero eso no les exime por el crimen cometido. Sin embargo, la justicia tarda pero finalmente llega.
En este caso como un despido que solo hacía al régimen de Bukele cómplice de mantener en un cargo público a un asesino. Es cierto que la justicia penal esta pendiente, pero ello no hace menor el alcance histórico de la decisión del presidente Bukele. Ojalá que esa apuesta por la memoria y la lucha en contra de la impunidad se haga también en los casos de los asesinos de Monseñor Romero, en el caso de los perpetradores de la masacre del Mozote, y de tantos crímenes cometidos a la sombra de la guerra que se vivió en el hermano país.

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