El fin del bipartidismo en las elecciones de Ciudad del Este, sumado al incremento de las movilizaciones contra la corrupción institucional abren un nuevo escenario político en Paraguay.
3 JUNIO, 2019
El pasado 5 de mayo ganó las elecciones a la intendencia de Ciudad del Este el joven Miguel Prieto. Su elección habría pasado desapercibida, como todo lo que tiene que ver con la política subnacional en América Latina, si no hubiera significado una ruptura de la tradición política paraguaya. Y es que el advenedizo, Miguel Prieto, logró romper con seis décadas de hegemonía del Partido Colorado en Ciudad del Este y, además, logró hacerlo posicionado a través de una plataforma novedosa, el movimiento Conciencia Demócrata del Este, que se ufana de estar alejado de las dinámicas de corrupción asentadas en la ciudad.
La peculiaridad de la incursión de Prieto en esta Intendencia no supone necesariamente el nacimiento de un liderazgo progresista al uso en la política paraguaya, pero sí representa una novedad en tanto se convirtió en el primer catalizador político, a nivel nacional, del enorme descontento social frente al histórico bipartidismo que alberga en sus filas a una horda de “impresentables”[1] que la ciudadanía, por la vía de movilización, viene poniendo en el lugar que les corresponde: afuera de los órganos de representación.
La realidad de Ciudad del Este, que es la segunda ciudad más importante del país por cantidad de población (cuenta con 301.815 habitantes), es similar a la de muchas otras, donde los clanes familiares adscritos al Partido Colorado han saqueado de manera aberrante las arcas públicas hasta agotar la paciencia de los ciudadanos.

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