Durante la Guerra Civil, Luisa Casulleras fue una de esas pocas afortunadas que vivieron durante algún tiempo en la Maternidad Suiza o, como se la conoce popularmente, la Casa de Elna.
Son las cuatro y media de la tarde y los rayos de sol entran vívidos por el intervalo que abren dos grandes cortinas blancas. Cuando llego al rellano, la puerta se encuentra entreabierta para que me abra paso en su pequeña madriguera como diciendo: “Si vienes tú a mi casa, haz los honores de presentarte tú mismo”. Luisa Casulleras tiene 88 años y su discurso irradia una coherencia envidiable. Durante la Guerra Civil, fue una de esas pocas afortunadas que vivieron durante algún tiempo en la Maternidad Suiza o, como se la conoce popularmente, la Casa de Elna. Un lugar privilegiado donde, además de ayudar a dar a luz a cientos de niños y niñas durante el conflicto, Luisa refugió a unos pocos hijos e hijas de las comadronas y trabajadoras del centro.
“No sé cuánto tiempo estuvimos allí, pero imagino que mi madre debió de trabajar en algo esencial para que acogieran a tres crías en aquel momento”, me explica con la mirada fija en la mía mientras tambalea una pequeña taza de café a punto de derramarse.
Cuando por fin consiguieron atravesar la frontera, en el 39, vieron absolutamente destrozado su anhelo de libertad al ser confinadas en el campo de internamiento de Argelès-sur-Mer, construido por el gobierno francés ese mismo año. “No sé cuánto tiempo tardamos en salir de allí y establecernos en la Casa de Elna. Tengo esa etapa muy borrosa y hay muchas lagunas…”, explica mientras se comienza a hacer evidente la humidificación de sus ojos.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada