Jamel Baraket salió del tribunal de Nabeul con la mirada triste, pero sin perder un ápice de su abnegación. “Han sido 27 años de lucha, y vamos a continuar. Lo de hoy ha sido un pequeño paso. Aún mantenemos la esperanza”, decía poco después de que el jueza levantara una sesión que duró apenas diez minutos. No es la primera vez que algo así sucede. Esta vez la justicación fue la falta de un micrófono. “Uno siente que hay una voluntad de dificultar el avance del juicio por parte de las autoridades. Estas cosas no suceden en los tribunales normales”, lamentaba su abogado Mojtar Trifi, un histórico activista en favor de los derechos humanos en Túnez.
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La familia Baraket muestra la foto de Faysal, víctima del régimen de Ben Ali
El juicio por la muerte de Faysal Baraket, hermano de Jamel, es uno de los más emblemáticos de la quincena en marcha que se enmarcan en el proceso de justicia transicional en Túnez, único país sacudido por las llamadas “primaveras árabes” donde la transición a la democracia no terminó en un baño de sangre. Baraket, un joven estudiante y militante islamista, fue torturado hasta la muerte el mismo día de su arresto, el 8 de octubre de 1991, en la comisaria de Nabeul. Sin embargo, el régimen falsificó la autopsia y afirmó que había muerto de un accidente de tráfico. Un examen posterior reveló que había fallecido a causa de una hemorragia interna al ser sodomizado con una barra de hierro. Desde entonces, su familia lucha por obtener justicia.
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