dilluns, 1 de juliol del 2019

Cooperación internacional y beneficencia


Hay muchas cosas que los hombres, si llevan la capa remendada, no se atreven a decir.”

 Juvenal

El primer título del presente texto es sumamente provocativo. O, incluso, perturbador. Pero simplemente hace evidente una realidad patética, muy común en todos los países del Sur que reciben “ayudas” del Norte, realidad en general silenciada, o en el mejor de los casos, deformada. ¿Con qué contribuye la llamada cooperación internacional? Con nada. Simplemente con nada. O, peor aún, con desarrollar entre los beneficiarios una infame cultura de dependencia, de beneficencia. Dicho en otros términos, quizá más realistas: una cultura limosnera, de caridad. Si alguien dona (regala), nunca faltará una mano menesterosa que se extienda para pedir lo ofrecido (mendigarlo).




Inmediatamente después de la socialista Revolución Cubana de 1959, el imperialismo estadounidense prendió sus alarmas y comenzó así a desarrollar planes que evitaran otro alzamiento popular similar en su patio trasero. De esa forma es que nace la primera iniciativa de cooperación, la Alianza para el Progreso, en 1961, bajo la presidencia de John Kennedy.

Luego se suman otras potencias capitalistas en similar perspectiva, siendo Europa Occidental la que le sigue. Posteriormente participan los pocos países desarrollados (capitalistas), en condiciones de ofrecer cooperación (o de cuidarse que las cosas no cambien, como demostraremos ahora): Japón, Canadá. Es digno de observarse que Rusia (o anteriormente la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) o la República Popular China, nunca hicieron cooperación de esta manera, generando mendicidad. La cooperación Norte-Sur es un mecanismo capitalista de dominación, de contención.

Oficialmente, tal cooperación consiste en “una opción estratégica de asociación entre gobiernos, sociedad civil y sectores productivos, orientada hacia la transferencia del conocimiento científico, tecnológico, técnico, educativo y cultural como base para la obtención de los objetivos del desarrollo sustentable, el bienestar y la equidad social”, según puede leerse, por ejemplo, en el Informe Final de la XVI Reunión de Directores de Cooperación Internacional de América Latina y el Caribe, Ciudad de Panamá, 21 al 23 de julio de 2003; pero nunca debe olvidarse que nace como “estrategia contrainsurgente no militar”, y que sus fines continúan siendo los mismos 60 años después

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