dilluns, 1 de juliol del 2019

Rostro doloroso de la migración


De nuevo la noticia de la “elección trágica”. La tarde del 23 de junio, los salvadoreños, Óscar Alberto Martínez, de 25 años, y su hija Valeria, de un año y 11 meses, perdieron la vida al intentar cruzar el río Bravo en la ciudad de Matamoros del estado de Tamaulipas, México. La madre de la pequeña, Tania Ávalos, quien también los acompañaba, salvó su vida, gracias a que una persona la rescató, sin embargo, presenció la trágica escena. Esta familia llegó a Tamaulipas para pedir asilo en Estados Unidos y tras dos meses de espera infructuosa, en el campamento Puerta México, decidieron cruzar el río Bravo que conecta a México con Brownsville, en Texas, Estados Unidos.




La causa de su emigración la explicó de forma precisa la madre de Óscar: "Ellos querían tener su propia casa. Él me decía que con el sueldo que ganaba aquí, no les alcanzaba para vivir, por eso optaron por irse”. En los informes sobre el desarrollo humano de las Naciones Unidas, cuando se aborda el drama de las migraciones, se usa el término “elección trágica”. Este apunta al hecho de que una persona o familia se ve presionada u obligada a cambiar su lugar de residencia debido a que su integridad física o su seguridad se ven amenazadas por la precariedad económica o por la violencia generalizada. Es una decisión difícil, concebida como la última opción de los desesperados, que se adopta cuando ya no hay más alternativas. Es también elección trágica por los peligros que supone un viaje en condiciones de indocumentado.


En consecuencia, el concepto remite a la realidad de una población que ve vulnerados sus derechos tanto en su país de origen como en los de tránsito y destino. Desde la perspectiva de los derechos humanos, es preciso recordar que, independiente de la condición migratoria, los migrantes son, ante todo, personas que poseen una dignidad que debe ser respetada y protegida. Frente a los discursos técnicos, peroratas políticas o medidas antiinmigrantes, se impone ahora, de nuevo, la fuerza de lo evidente: una niña que muere junto a su padre, buscando una vida mejor. Su sueño era mínimo: un techo digno, trabajo estable y garantizar el pan diario. Esta tragedia, que ha estado presente en los medios de comunicación y, que, probablemente, desaparecerá en semanas, debe ser un fuerte llamado a la decencia humana que empieza por “padecer con las víctimas”

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