diumenge, 25 d’agost del 2019

Ante una Europa rota y a la deriva


El último ejemplo de cómo Europa ha perdido su alma lo tenemos en la actitud silente de casi todos los Estados ante el drama humanitario que se ha vivido en el Open Arms. Europa está rota y el fascismo aprovecha la oportunidad. Por eso la UE no tiene una política común sobre migración y refugiados.

Quien fuera un modelo en valores y en dotarse de una sociedad del bienestar ha perdido su plena identidad democrática y la cohesión política que tanto tiempo y esfuerzo costó construir tras las guerras mundiales y en medio del telón de acero. Cuando parece que el mundo se viene abajo, ¿qué nos queda de aquella Europa, más allá de la nostalgia?




El último ejemplo de la desfiguración del rostro europeo lo tenemos en los comportamientos silentes de la gran mayoría de los Estados ante el drama humanitario sucedido en el barco Open Arms, repleto de migrantes y refugiados, que podrían haber muerto olvidados en la fosa común del Mediterráneo, de no ser por la intervención de un fiscal italiano.

La actitud de los Estados y de la propia Comisión Europea de la UE, muestra, una vez más, que Europa ha perdido su alma solidaria ante el avance del fascismo, con Salvini como uno de sus líderes y a quien no ha importado llevar al Gobierno italiano a la crisis. Lo malo es que tiene discípulos repartidos por diferentes países, también en España. Además, combatimos a los nacionalismos populistas y nos enfrentamos a los miedos de los Estados y de la opinión pública ante el fenómeno global de las migraciones, muy complejo y que ha venido para quedarse, pero que deberemos explicar, ordenar, regular y asegurar.

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