Resulta sumamente difícil hallar un común denominador para la cumbre del G 7 celebrada este fin de semana del 24 y 25 de agosto de 2019 en la localidad francesa de Biarritz. La agenda es demasiado heterogénea y los enfoques de los participantes, los jefes de Estado y de Gobierno de Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Estados Unidos, Canadá y Japón, muy dispares.
En otras épocas, no muy remotas, los grandes de este mundo solían reunirse para tratar a fondo un problema específico. Hoy en día, las cuestiones sobran, mientras que las soluciones escasean.
Es la razón por la cual el presidente galo, Emmanuel Macron, anfitrión de la cumbre del G 7, descarta a priori la elaboración de un documento final. ¿Mero pragmatismo? ¿Muestra de debilidad? La verdad es que los desafíos no dejan de ser múltiples y variados.
Una primera reflexión se impone: nuestro planeta se encamina hacia una nueva crisis económica mundial, acentuada por la abrogación de los hasta ahora estables acuerdos de libre cambio y la perspectiva de una guerra comercial entre los Estados Unidos y China, postergada en el último momento por el presidente Donald Trump, al detectarse signos de colapso en la Bolsa de Wall Street.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada