dimecres, 16 d’octubre del 2019

CATALUNYA: Sentencia del Procés, jaque a la democracia


En el lenguaje del ajedrez, se denomina “Jaque” al ataque que un jugador realiza a otro consistente en acorralar a su Rey, es decir, a su fuerza, a su representante, a su sistema defensivo. El Jaque no es “Mate” hasta que un determinado movimiento acorrala completa y definitivamente el sistema defensivo del otro, de tal forma que no existe otro camino que la rendición. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con la sentencia del Procés, es decir, un ataque en toda regla, con la fuerza del Estado Español y por todos sus medios (ya se habían utilizado los medios policiales el 1-O, y antes los medios políticos desde varios años atrás, y ahora han sido los medios judiciales), que ha acorralado la democracia de nuestro país, que la ha sentenciado a muerte, aunque por supuesto, la lucha no ha finalizado, y por ello no es “Jaque Mate”. Aunque en la sentencia los magistrados del Tribunal Supremo no han considerado el caso de rebelión (ya existe una propuesta del PP para modificar el Código Penal y que exista dicho delito incluso sin la utilización de la violencia), sí han contemplado la sedición, argumentando unos ridículos razonamientos para explicarlo. Penas de prisión e inhabilitación de entre 9 y 13 años van a tener que sufrir los encausados, sin más delito que haber luchado por todos sus medios contra el Estado, primero para intentar pactar un referéndum, y después para celebrarlo sin garantías, poniendo urnas en los colegios.




La sentencia, pues, ha sido absolutamente injusta y vengativa. Una sentencia que supone un insulto a la democracia, un ataque a nuestro sistema de convivencia, un torpedo en la línea de flotación de nuestro Estado de Derecho, que tras la sentencia lo es menos. Porque por lo visto, eso de poner urnas en los colegios para que la gente vote constituye un delito muy serio, en un sistema que se tilda de “democrático”. Y aún se intenta aclarar en la sentencia, de forma grotesca (y en el discurso de Pedro Sánchez se ha vuelto a insistir en ello) en que aquí no se juzga a nadie por sus ideas, sino por cometer delitos. Se nos dice que en una democracia todas las ideas caben, pero no es verdad. Existen algunas que no caben, justo aquéllas que inciden en una mayor democracia. Existen ideas que no caben, justo aquéllas que intentan romper con el status quo de nuestras élites políticas, económicas y sociales. Curioso sistema aquél que proclama que ninguna idea es delictiva, hasta que se intenta llevar a cabo. Entonces se convierte en peligrosa. Los encausados del Procés son presos políticos, porque defienden ideas y proyectos que no convienen a dichas élites

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