El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de publicar su veredicto: el crecimiento en América Latina y el Caribe se ha desacelerado, por tanto ve imperioso realizar reformas estructurales para promover una mayor apertura del comercio y la inversión, estimular la competitividad y abordar las regulaciones demasiado estrictas en el mercado laboral.
Dicho de otra forma, esto implicará afectar los derechos laborales, en una región donde la informalidad en el trabajo es un factor dominante; incrementar la recaudación de impuestos; más privatizaciones; reducir los aranceles, poniendo en mayor riesgo la incipientes industrias y manufacturas nacionales.
Pero el panorama es más lóbrego aun cuando el FMI advierte que “se proyecta que la actividad económica en China y Estados Unidos se desacelere en el futuro” y sumó a esto que “las tensiones comerciales y tecnológicas globales podrían llevar a una desaceleración más rápida a corto plazo. Estas tendencias impactarán a otros países, incluyendo América Latina”.
Según sus previsiones, el mayor impacto lo sufrirán los países más expuestos a China o Estados Unidos a través del comercio, los precios de las materias primas y los flujos financieros.

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