dijous, 30 de gener del 2020

El neoliberalismo nos manipula para que luchemos contra el cambio climático en forma individual


La semana pasada en mi bandeja de entrada del correo electrónico recibí un mensaje que me ofrecía «Treinta sugerencias para hacer más verde mi espacio de oficina» como por ejemplo usar bolígrafos reutilizables, redecorar con colores claros, dejar de usar el ascensor.

De vuelta a casa, luego de haber subido por las escaleras, podría seguir con otras opciones eco: cambiar mis bombillas de luz por unas de bajo consumo, comprar verduras locales, comprar electrodomésticos ecológicos, poner un panel solar en mi techo.

Y un estudio publicado en esos días afirmaba que habían descubierto la mejor manera de luchar contra el cambio climático: Tener un hijo menos: «El mayor impacto que las personas pueden tener en la lucha contra el cambio climático es tener un hijo menos, según un nuevo estudio que identifica las formas más efectivas en que las personas pueden reducir sus emisiones de carbono«.




Estas exhortaciones generalizadas a la acción individual – en anuncios corporativos, libros de texto escolares, y las campañas de los principales grupos ambientalistas, especialmente en occidente – ya nos resultan tan naturales como el aire que respiramos.

Pero mientras nos ocupamos de hacer más ecológicas nuestras vidas personales, las corporaciones de combustibles fósiles están haciendo que estos esfuerzos sean irrelevantes.

La libertad de estas corporaciones para contaminar y la obsesión en focalizarse en cambios débiles de estilo de vida no es casualidad. Es el resultado de una guerra ideológica, librada en los últimos 40 años, contra la posibilidad de la acción colectiva. Con un éxito devastador, no es demasiado tarde para revertirla.

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