El gobierno de Jalisco, dirigido por el gobernador Enrique Alfaro, está decidido a aplicar un plan de choque que promueva la integración social de los reclusos que cumplen condena en las cárceles del estado. Su principal propósito es reconstruir el sistema carcelario que quedó completamente abandonado por anteriores administraciones por culpa de la corrupción y los malos manejos. La clave de este ambicioso plan es la rehabilitación integral de los reos (tanto de la sección masculina como la femenina) a base de educación y la formación profesional para transformarlos en artistas, escultores, pintores, panaderos, peluqueros, artesanos, soldadores, costureros, cocineros, etc.
Por eso el gobierno de Jalisco o de la "refundación ciudadana" apuesta por una política humanista antes que punitiva o de castigo pues al reo hay que darle la oportunidad de redimir sus penas por buen comportamiento y trabajo (un derecho recogido en la constitución mexicana) Porque una vez en libertad sin un oficio y un puesto de trabajo fijo se corre el riesgo de que vuelvan nuevamente a reincidir en los actos delictivos.
Se tiene la imagen de la prisión como una mazmorra fría y mortecina rodeada de murallas donde se hacina la población carcelaria. Y para rematar en México las cárceles son consideradas escuelas de delincuentes u oficinas de las mafias desde donde los jefes de las bandas criminales y los capos de los cárteles controlan y dan órdenes, no solo el penal, sino también las operaciones en el exterior.

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