Los jóvenes activistas del mundo, que suman más de 3800 millones de personas, parecen avanzar hacia una guerra con un viejo orden que consideran obsoleto y que pone en peligro el futuro de las siguientes generaciones.
Los nuevos y crecientes movimientos sociales impulsados por jóvenes surgieron con lemas como «Las vidas negras importan” y «Ocupe Wall Street» –al que algunos manifestantes sumaron «No ocupe Palestina»- y tenían como objetivo luchar contra el racismo, la represión política y las desigualdades institucionalizadas en las sociedades capitalistas.
La revista estadounidense Time dedicó su edición del 3 de febrero al fenómeno del “Youthquake” (fusión de los vocablos ingleses juventud y terremoto), con el título en portada: “el mundo cambiará cuando una nueva generación lo lidere” y la imagen de un globo terráqueo viejo del que emerge otro nuevo y de colores resplandecientes.
Ya en 2017, el diccionario de Oxford de la lengua inglesa eligió como palabra del año a precisamente a youthquake, que define al cambio cultural, político o social que nace de las acciones o influencia de los jóvenes.
La palabra conceptualiza el fenómeno activista que sacude al viejo orden y en el que los jóvenes lideran la lucha contra el autoritarismo de derecha, el populismo de toda ideología, la corrupción política y el aumento de la crisis climática.
Joanne Mariner, asesora senior de respuesta a las crisis de Amnistía Internacional (AI), dijo a IPS que «es sorprendente ver cómo los esfuerzos agresivos de los gobiernos para anular las protestas, incluso matando a manifestantes, ni siquiera han logrado detenerlos a corto plazo».

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