Una mujer embarazada y un niño, ambos wichí, fallecieron esta semana. Se suman a una cruel lista producto de las condiciones a las que son sometidas las comunidades indígenas en nuestro país y en Salta en particular. Mientras tanto, el Estado provincial responde con discursos que niegan su responsabilidad y estigmatiza a las víctimas. Muertes evitables que responden a un proceso más complejo que la actual crisis económica argentina y con responsabilidades compartidas entre una provincia que abreva en el racismo y un modelo histórico de empresariado terrateniente, desmontes, y persecutorio de los pueblos originarios. Por Marcelo Musante (sociólogo).
“Los ocultan en el monte para que no los atiendan”. “Son comunidades cerradas que no aceptan ayuda”. “Sólo se puede ingresar con la policía”.
El domingo se murió un niño wichí en Salta. Uno más. Y el secretario de Salud Pública de la provincia, Antonio de los Ríos, culpa a sus familias y, por extensión, a las comunidades indígenas.
Los niños y niñas wichí mueren por enfermedades curables y por desnutrición, pero antes de eso, comienzan a morir por frases como la del secretario de salud salteño. Frases que reproducen las prácticas de racismo del Estado y producen un tipo de otredad y negatividad sobre las comunidades indígenas que luego tienen consecuencias en los centros de atención de salud, en las escuelas, en el sentido común de la sociedad, en los desalojos.
Se resalta la pertenencia étnica, el hecho de ser wichí, porque las muertes encuentran una de sus causas en su identidad originaria y en las respuestas diferenciales, deficientes, que el Estado brinda por esa condición.
Cuando desde el Estado provincial hablan de «esos wichí» que esconden a sus hijos definen una extrañeza, un “otro”, un grupo de personas diferentes de un “nosotros”, blanco y occidental.

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