Durante las últimas semanas, la elección interna del Partido Demócrata está marcada por el crecimiento de Bernie Sanders en las encuestas, acercándose al ex vicepresidente Joe Biden, el favorito del establishment del partido y quien las encabeza a nivel nacional.
De hecho, se proyecta su triunfo en Iowa el 3 de febrero, la primera parada de las internas demócratas, donde las encuestas locales le dan un 25% frente al 22% de Biden. Estos dos, junto a Elizabeth Warren, son quienes tienen mayores posibilidades obtener la nominación demócrata. El crecimiento de la postulación de Sanders generó discusión en la prensa en Estados Unidos y conmoción al interior de su partido.
El fenómeno Sanders no es nuevo. Senador por el estado de Vermont, compitió en el 2016 con Hillary Clinton, quien prevaleció para ser finalmente derrotada en las elecciones presidenciales por el republicano Donald Trump.
El ascenso de este político de 78 años, que se define a sí mismo como un socialista democrático, mientras se mantiene dentro del partido demócrata, es muestra de la crisis de representación en Estados Unidos y en particular de la pérdida de legitimidad de los políticos tradicionales de los dos principales partidos imperialistas, y de una polarización política y social.

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