La clase dominante, los magnates financieros y los dueños del gran capital en Estados Unidos controlan ahora como nunca antes el proceso electoral. Y además lo controlan sin ningún recato y con menos subterfugios.
Como se ha informado, en las últimas dos semanas después de las elecciones primarias demócratas en una veintena de estados del país, la maquinaria y recursos de que dispone el Partido Demócrata han logrado lo que, al parecer, es un giro definitivo en la campaña que sitúa al frente al ex vicepresidente Joe Biden, candidato de su preferencia. Este cuenta ahora con una considerable ventaja y se proyecta como casi seguro nominado por el partido para las elecciones de noviembre.
Ello se logró, como referiremos más adelante, gracias a un concertado esfuerzo de la elite del poder y de la maquinaria del Partido Demócrata para detener el impulso triunfador que llevaba el candidato Bernie Sanders.
odo indica que después de la aplastante victoria del senador por Vermont, Bernie Sanders, en la votación partidista en Nevada a fines de febrero, la casi totalidad de los grupos dirigentes y las estructuras regionales del Partido Demócrata se alinearon detrás del ex vicepresidente, presionaron de manera grosera en su favor, y lograron que sorpresivamente varios de los otros candidatos que le hacían sombra a Biden abandonaran su campaña en el momento oportuno y que de inmediato le dieran su respaldo.
No importó que este hubiera tenido un deslucido desempeño en la campaña, ni que contara con una pobre estructura para su despliegue político en varios estados del país. En respaldo al ex vicepresidente se han volcado ahora todos los recursos y el aparato de la maquinaria electoral del Partido Demócrata.

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