El costo de las guerras imperiales y delirios de hegemonía global es incalculable. El norteamericano Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, estimó en tres trillones de dólares el costo de la guerra en Irak, a lo que habría que añadir otros 2 trillones para cubrir los gastos invisibles como es la atención médica y la asistencia social, de por vida, a los miles de soldados que regresan lisiados o con traumas mentales. Otras cantidades astronómicas han sido destinadas a la guerra en Afganistán, que después de causar enorme destrucción y la pérdida de la vida de miles de seres humanos, parece terminar ahora, después de casi veinte años, con un pacto con el Talibán para la retirada de las tropas estadounidenses.
El presupuesto de guerra anual de Estados Unidos superó en 2008, por primera vez en la historia, el trillón de dólares. Los gastos de defensa se duplicaron, paradójicamente, desde la terminación de la guerra fría. Alrededor de un 40% del presupuesto es “black”, es decir, corresponde a proyectos secretos, clasificados, que escapan a todo control institucional.
El presupuesto militar de Estados Unidos supera la suma de los de China, Rusia, Francia, Reino Unido, Japón, Alemania, Italia, Corea del Sur y la India. No hay que ser economista para comprender que estos gastos son insostenibles.

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