El golpe de Estado en Bolivia modificó el tablero político y electoral; sin embargo, el MAS se mantiene en el podio de la intención de voto.
A estas alturas del año, Bolivia debería estar a las puertas de una cita electoral que nada tendría que ver con la presidencial. Lo previsto, según el cronograma del año pasado, era que en la segunda quincena de este marzo se celebraran las elecciones subnacionales (departamentos y municipios). Sin embargo, la interrupción del orden democrático alteró absolutamente todo lo planificado, y estamos ahora a menos de dos meses para decidir quién será el próximo presidente de Bolivia.
Estos son unos comicios totalmente anómalos por muchas razones: (i) llegan bajo la gestión de un Gobierno no electo; (ii) están muy próximos a la elección anterior (20 octubre de 2019); (iii) no compite quien fuera el principal elector del país en los últimos 15 años (Evo Morales quedó proscrito incluso para ser candidato a senador); (iv) muchas instituciones (MIT, CEPR, CELAG) han demostrado que no hubo fraude en contra de lo que la OEA manifestó sin prueba alguna; (v) existen muy pocas garantías democráticas debido al alto grado de persecución judicial contra dirigentes del anterior Gobierno y; vi) Bolivia está envuelta en una grave crisis institucional y política.
Después de todo gran sismo es fundamental conocer e identificar cómo se han reacomodado los sentidos comunes de la ciudadanía en todos los planos, desde lo ideológico, las subjetividades económicas y, por supuesto, hasta las preocupaciones cotidianas. Es por ello que, a continuación, vamos a presentar algunos rasgos característicos de la Bolivia de hoy en base a la encuesta elaborada por CELAG (2.000 casos, presencial, en todo el país, tanto rural como urbana).
1) Nuevamente se constata algo que ningún golpe de Estado puede lograr: hacer desaparecer a la principal fuerza política del país de un plumazo. El candidato por el MAS, Luis Arce, tiene una intención de voto del 33,1%, y muy por detrás queda Jeanine Áñez, con 20,5%; luego le siguen Carlos Mesa (17,4%) y Fernando Camacho (7,4%). Aún es pronto para saber si esa diferencia le permite a Arce ganar en primera vuelta (requiere superar 40 puntos con diferencia de 10 sobre el segundo); pero lo que sí se puede afirmar es que, por ahora, es la opción electoral con más apoyo en el país, como lo ha sido en los últimos años

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