"Los seres humanos fuimos haciendo desaparecer hábitats naturales, con mayor o menor intensidad, en los últimos siglos. No todos tenemos la misma responsabilidad ni produjimos el mismo daño. Toda intervención humana en un hábitat natural genera un impacto ambiental; sin embargo, numerosas comunidades pudieron vincularse armoniosamente con dichos hábitats. Familias, comunidades y pueblos cuyas concepciones y prácticas de manejo de monte preservan su entorno. No fue el caso de los sectores más dinámicos y poderosos del capitalismo agroindustrial, primero, y luego del financiero ; siempre mantuvieron una relación conflictiva con el ambiente, considerándolo un recurso, una mercancía, un capital, o un estorbo. Pero esto tiene sus consecuencias".
Hasta no hace tantos siglos, los bosques nativos del mundo abarcaban un gran porcentaje de la superficie en nuestro planeta. El crecimiento de las poblaciones urbanas, la revolución industrial, la industria maderera, la ganadería y los cambios sustantivos que introdujeron la agricultura industrial y el monocultivo -entre otras actividades extractivas- fueron reduciendo esa cobertura boscosa hasta límites altamente peligrosos. En la actualidad, el 80 por ciento de los bosques primarios, o nativos, “ya ha sido destruido o alterado”; pero además, “el 20% restante está amenazado”. [i]
En el caso de Argentina, en 1810 tenía la mitad de su superficie continental cubierta con masa boscosa, según señala Carlos Merenson, ex titular de la Dirección Nacional de Bosques y actual técnico del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Hablamos de 140 millones de hectáreas de bosque nativo que cubrían nuestro país. Casi un siglo después, en 1998 –unos años después de que ingrese al país la soja transgénica-, un inventario forestal que se realizó a nivel nacional señalaba que había solamente 31 millones hectáreas de bosque.
Cuando realizamos cambios en el uso del suelo original, cuando modificamos el ambiente, sobre todo en sistemas altamente complejos y con mucha biodiversidad, eso trae consecuencias para los seres humanos. Una de las más visibles, en estos momentos, es la de un aumento de las enfermedades. Tal como revela un documento recientemente publicado por el Centro Latinoamericano de Investigaciones Agroecológicas(CELIA), “como nunca antes, la pandemia de coronavirus nos revela la naturaleza sistémica de nuestro mundo: la salud humana, animal y ecológica están estrechamente vinculadas”

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