La Constitución Española de 1931 marcó un hito en el constitucionalismo español al ser la primera en reconocer y garantizar derechos sociales como el de asistencia a los enfermos y ancianos, protección a la maternidad y a la infancia, o la garantía a los trabajadores y trabajadoras de una “existencia digna” mediante protección en casos de enfermedad, accidente, paro forzoso, vejez, invalidez y muerte.
Niceto Alcalá Zamora insistió, durante la proclamación de la Segunda República, en la puesta en marcha de un “programa de justicia social y de reforma administrativa de supresión de injusticia”. Ese discurso, del 14 de abril de 1931, sería el raíl por el que circularía toda la actividad reformadora de sus gobiernos pese a las resistencias reaccionarias y la amenaza fascista, y resultaría definitorio para entender el nivel de legitimidad y aceptación que la Sanidad Pública y sus profesionales tienen hoy en la sociedad española.

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