divendres, 17 de juliol del 2020

Oleoductos, política y el poder de la protesta indígena: Mní wičhóni. El agua es vida. En cualquier idioma, sea lakota, inglés o español, es una pura verdad.


En Dakota del Norte, banderas con la frase “el agua es vida” ondearon en los campamentos de resistencia indígenas que se instalaron en 2016 en la confluencia de los ríos Cannonball y Missouri, en oposición a la construcción del oleoducto Dakota Access. El campamento convocó a protectores del agua de más de 200 tribus indígenas de las Américas, además de a miles de activistas aliados. Los indígenas llaman al Dakota Access “la serpiente negra”. El oleoducto de 1.880 kilómetros de largo fue diseñado para transportar más de medio millón de barriles diarios de petróleo crudo obtenido mediante fracturación hidráulica desde los yacimientos petroleros de Bakken, en Dakota del Norte, hasta las refinerías de la costa estadounidense del golfo de México.




En su recorrido, el Dakota Access atraviesa Dakota del Sur, Iowa e Illinois. El paso de este oleoducto por el territorio de las tribus lakota, que no brindaron su autorización para la obra, y debajo del río Missouri en el lago Oahe pone en riesgo la potabilidad del agua de la que dependen la tribu sioux de Standing Rock y 17 millones de personas río abajo.
El fin de semana del Día del Trabajo de 2016, el equipo de Democracy Now! viajó a Standing Rock para realizar la cobertura sobre la resistencia al oleoducto. Mientras los protectores del agua indígenas ponían en riesgo sus cuerpos, bloqueando el paso a las excavadoras de la empresa para evitar la destrucción de sitios sagrados, documentamos cómo las fuerzas de seguridad privadas del Dakota Access rociaban gas pimienta, golpeaban y lanzaban perros de ataque contra los manifestantes no violentos. A uno de los perros le goteaba sangre del hocico, lo que hacía recordar a los mastines utilizados para atacar a los pueblos indígenas en las Américas desde la época de Cristóbal Colón y los conquistadores españoles.




Hay más de 320.000 kilómetros de oleoductos activos en Estados Unidos, así como varias campañas en curso contra proyectos de construcción de oleoductos, como el Keystone XL, Enbridge Line 3 en el norte de Minnesota y el gasoducto Coastal GasLink en Columbia Británica. Esta resistencia es liderada por las comunidades indígenas que se encuentran en la primera línea de la lucha, junto con crecientes movimientos en solidaridad que se unen a ellas.

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