divendres, 17 de juliol del 2020

Recrudecimiento de la guerra en Venezuela de la guerra en Venezuela


Este año 2020 se ha convertido en tiempo de confinamiento para quienes han podido sostener la cuarentena. Época de gestión para los gobiernos y Estados que han debido lidiar con el inesperado fenómeno sanitario, económico, político y social. Para algunos países, que en principio relativizaron la alarma emitida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el resultado en poco menos de tres meses reflejó la tragedia del modelo politico-economico. No solo en la cifra de letalidad que conlleva la pandemia, sino en la gestión social. Se han disparado los números en la pérdida de empleos y por ende se hace cada día más difícil el acceso a productos de primera necesidad.

Todo en el mundo parecía haberse paralizado. Sin embargo, el ensañamiento contra Venezuela prosiguió con toda “normalidad” por parte de Estados Unidos, a pesar de los llamados de la Organización de Naciones Unidas (ONU) a parar, o al menos, poner una pausa a los conflictos armados. Por el contrario, las agresiones y medidas coercitivas unilaterales contra Irán, Cuba, Nicaragua, Venezuela, e incluso China, se incrementaron.





Mientras el gobierno bolivariano trataba de salvar vidas humanas, el país más poderoso del mundo lanzaba por enésima vez amenazas de invasión. Comportamiento antiético e inmoral que, en la delicada coyuntura sanitaria, sólo devela el monstruo imperialista, su discurso impostor detrás de la consigna de “ayuda humanitaria y libertad”, para rescatar a Venezuela del comunismo. De este actuar perverso da cuenta la última confesión pública de Donald Trump de que Irak no tenía armas de destrucción masiva: “¿No dijo [Colin] Powell que Irak tenía ‘armas de destrucción masiva’? No las tenía, ¡pero fuimos a la guerra!”. Medio planeta lo sabía o sospechaba, mientras que la otra mitad fue indiferente tanto a la amenaza como a los resultados una vez iniciada la invasión a la nación árabe.

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