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martes, 28 de febrero de 2017

Jóvenes a velocidad de vértigo



Hemos impuesto a los jóvenes una educación a velocidad de vértigo. Después del horario normal de clase, a toda prisa, con la lengua fuera, los llevamos a clase de inglés-extra, y luego a baloncesto, y luego a danza, y luego a guitarra, y luego a judo, y luego… Es como si nos quisiéramos comer el tiempo, y hacérselo tragar a nuestros chicos y chicas, sin dejar una miguita de ese divino tesoro simplemente para vivir, para jugar, para reír, para leer, para disfrutar… Y de esa forma, inculcamos en los niños y jóvenes adolescentes nuestra mentalidad desasosegada, excitada, inquieta, nerviosa, sin dejarles unos instantes de sosiego para saborear la vida en toda su rica y profunda dimensión. Y eso, a la larga, se paga.






Si no lo remediamos a tiempo, estos jóvenes no sabrán gozar de la calma, de la reflexión, de la lentitud bien entendida, de la pausa necesarias para saber vivir con equilibrio y buen sentido, y marcharán por la vida queriéndolo todo, ahora y a velocidad de vértigo, sin comprender que eso casi nunca puede ser así. Todo en la vida requiere un tiempo, y que hay un tiempo para cada cosa: para trabajar y para descansar, para dormir y para despertar, para sufrir y para gozar, para aprender y para olvidar; que debe existir un proceso de maduración y de trabajo en todos los proyectos; que deben buscar el éxito, pero que deben estar también preparados para la derrota; que casi siempre el camino enseña más que la posada, y que precisamente los esfuerzos y experiencias que se van a ir encontrando en la senda de su vida son los que modelarán definitivamente su personalidad.

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