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martes, 14 de marzo de 2017

La nueva guerra. por Laura Zamarriego Maestre


Llevó décadas demostrar que fumar provocaba cáncer, enfermedades cardíacas e incluso la muerte, y otros tantos años más afirmar que los fumadores pasivos sufrían consecuencias similares. Hace tiempo que llegó la hora de admitir que tenemos ante nosotros una grave amenaza: la contaminación, que nos convierte a todos en fumadores pasivos.

Cerca del 23% de los fallecimientos en el mundo se producen por vivir o trabajar en ambientes poco saludables, según los últimos datos de la OMS. Los factores de riesgo ambientales, como la polución del aire, el agua y el suelo, la exposición a los productos químicos, el cambio climático y la radiación ultravioleta, contribuyen a más de 100 enfermedades o traumatismos. El número de muertes prematuras por la contaminación podría duplicarse de aquí a 2050, cuando los núcleos urbanos pasen de albergar a la mitad de la población a acoger al 70%.




La contaminación ambiental se cobra más víctimas que la malaria, la tuberculosis y el sida juntos. La insalubridad ambiental provoca 12,6 millones de muertes al año. Irónicamente, en la última década se ha dado un cambio de patrón: al mismo tiempo que se reducían las muertes debidas a enfermedades infecciosas como la diarrea y el paludismo, vinculadas a la mala calidad del agua, el saneamiento y la gestión de las basuras, aumentaban las provocadas por problemas ambientales.

“La contaminación es una preocupación relativamente nueva de la salud pública y el verdadero alcance del problema ha salido a la luz en los últimos diez años”


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