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lunes, 20 de marzo de 2017

La regeneración democrática como prioridad



Analizando diversos datos que proceden del Banco de Datos de Metroscopia y de diversos informes sobre la democracia en España, la regeneración democrática lleva tiempo apareciendo dentro de los indicadores de consulta y en las entrevistas a los encuestados.

En España tenemos un gran pedigrí intelectual de lo que han supuesto vicios y viejas praxis enraizadas en la cultura local y provincial de nuestro país; ahí quedaron las obras de Ramón y Cajal, de Ortega y Gasset, de Clara Campoamor, del regeneracionismo de Costa, o de Pérez Galdós, pero hasta el momento, no había fraguado con tanta intensidad situándose ahora en el  centro del debate político.




Por supuesto que hablar de la regeneración democrática exige hablar de temas como la calidad de nuestra administración de Justicia, de una enérgica y combativa lucha contra la corrupción y el fraude fiscal, de la protección de los denunciantes en casos de corrupción, de la transparencia en la contratación y en las subvenciones públicas,  de medidas para combatir la financiación ilegal de los partidos o de la reforma de la representación política, pero lo pernicioso es que, como en todas las batallas de ideas y de coherencia con lo que exige la sociedad y el cambio, está el trivializar tal regeneración política, como si fuera un mantra a emplear en estos tiempos del marketing político. La regeneración no es un proceso fácil ni rápido, pero es la voluntad de quien quiere ser creíble ante la ciudadanía haciendo un diagnóstico de lo que mal funciona y teniendo la inteligencia política de valorar cómo puede arreglarse ese mal.

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