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lunes, 13 de marzo de 2017

UNIVERSIDAD: La corrección política produce monstruos




En un artículo publicado en The New York Times, la periodista Judith Shulevitz narraba un episodio delirante ocurrido hace un par de años en la Universidad de Brown, cuando un grupo de alumnos organizaron un debate abierto en torno a un problema tan sensible en un campus universitario como las agresiones sexuales. La respuesta del batallón de la corrección política, cuya génesis está precisamente en las universidades norteamericanas, no se hizo esperar: había que cancelar el acto y censurar las ideas iban a exponerse para proteger a aquellas víctimas cuyos sentimientos pudieran verse ofendidos.

 Las autoridades académicas tuvieron el buen juicio de no suspender el debate, como tantas veces ha ocurrido ante la denuncia de alguno de esos estudiantes tan intransigentemente cándidos, pero se esforzaron de forma ridícula para contentar al lobby de la corrección política: crearon un safe space, es decir, un ‘espacio seguro’ donde cualquiera que se sintiera aturdido por las ideas expuestas pudiera cobijarse. Ese espacio, según relató Shulevitz, resultaba de lo más surrealista: música relajante, cojines, caramelos y galletas, juegos de plastilina y cuadernos para colorear. Por si os habéis perdido: no se trataba del jardín de infancia Brown, se trataba de la Brown University, una de las más santiguas de Estados Unidos.



«En su esfuerzo por hacer sentir a todos los estudiantes cómodos y seguros, a salvo de cualquier potencial shock, las universidades están sacrificando la credibilidad y el rigor del discurso intelectual, reemplazando la lógica por la emoción y la razón por la ignorancia. En definitiva, están impidiendo que sus alumnos maduren».




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