diumenge, 22 de desembre del 2019

Algunas preguntas sobre el poder popular


Para la izquierda es una tarea impostergable, siempre omnipresente, definitoria para su misma existencia, ver cómo lograr su objetivo: es decir, terminar con el modo de producción capitalista y establecer el socialismo. Esto inmediatamente abre una pregunta: ¿quién hace el paso de una sociedad a otra: la izquierda o las grandes mayorías populares? Lo que lleva a plantear quién es la izquierda. Así formulado, pareciera que “la izquierda” es algo distinto a esas masas populares.

En realidad: sí. Las izquierdas, en cualquiera de sus innúmeras formas, se constituye como un fermento (un elemento reflexivo, un grupo de activistas/intelectuales/dirigentes/actores, una vanguardia) que propicia el cambio, la transformación. No importa la forma que adquiera (partido político dentro de la institucionalidad capitalista, fuerza revolucionaria de acción comunitaria o sindical, movimiento social-popular, grupo de acción armada, propuesta intelectual-artística, combinaciones de algunas de ellas, etc.), es realmente “de izquierda” si logra incidir en las masas populares para propiciar la transformación. Si no, no pasa del diletantismo (izquierda de cafetín, sin impacto real alguno en la sociedad).




De más está decir que esa transformación, siempre y necesariamente, se da a través de un proceso revolucionario brusco, violento, no gradual, que rompe con el sistema capitalista y toda su institucionalidad (el Estado y todos los aparatos ideológicos concomitantes), estableciendo algo nuevo. No es posible que se dé un cambio hacia el socialismo dentro del marco y la institucionalidad capitalista: los cambios obtenidos por vía electoral son procesos de reforma, útiles en alguna medida para los pueblos siempre excluidos, pero que no permiten transformaciones sustanciales, estructurales. Es decir: no llegan a construir alternativas socialistas. De ahí que las revoluciones son siempre actos violentos, en cuanto desalojan a la anterior clase dominante creando algo nuevo. Decimos “violento” por cuanto quien detenta una posición de poder se resiste al cambio por todas las formas posibles; y la violencia es una de ellas (para eso están todos los órganos represivos armados del sistema: policía, fuerzas armadas y diversos cuerpos de seguridad, defensores en definitiva de la clase dominante, del orden establecido, que es siempre el orden tomado por “normal”).

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