dissabte, 8 de febrer del 2020

Carnaval uruguayo, donde la derecha no manda.


Dios Momo ha vuelto a soñar y ha despertado el malhumor de la derecha. El carnaval es una fiesta popular que nuclea a conjuntos en distintas categorías (murgas, lubolos, parodistas, humoristas y revistas). El carnaval uruguayo es el más largo del mundo y su concurso oficial da ganadores a uno por categoría. Pero la esencia del mismo está en los tablados de barrio.

La categoría más popular es la murga, con raíces en Cadiz, España; un coro de 17 personas que a ritmo de bombo, platillo y redoblante cantan sus versos en las noches de febrero. La característica principal de la murga es la crítica política y social, y cantar sobre temas de actualidad




El concurso, que comenzó el 24 de enero con su desfile inaugural ha dado paso a los primeros conjuntos y a las primeras objeciones de la derecha. La murga debutante «Un Título Viejo» realiza críticas contundentes al general Manini Rios y su partido de ultra derecha Cabildo Abierto. Pero el Frente Amplio tampoco se salva del «palo» y a Daniel Martínez le dedican más de una cuarteta para denostar su ego y su ambición por encima de los principios fundacionales de su fuerza política.

Por su parte la murga «Metele que son pasteles» ha dado la nota alta una vez más con su cuplé de resistencia, que va ser bandera en estos cinco años. Con la música de «Calma» de Pedro Capó, lanza sus versos combativos «Vamos a la plaza / para dar batalla / si la cosa estalla /estaremos a la talla./ Si se pone «caribe» / no tendremos cintura / daremos pelea / acá nadie se asusta ni oculta».

Allí las alarmas de la derecha sonaron. Intentan acusar a la murga de «incitación a la violencia» y «apología del delito». Un viejo rencor de la derecha se despertó: las murgas y su raigambre popular.

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