diumenge, 8 de març del 2020

8 DE MARZO Para poder mirarnos a los ojos


La cuestión no está en menospreciar ningún reclamo feminista, ninguna demanda que empujar en las calles, ni violencia machista que denunciar y combatir. Está en admitir que hay preguntas por contestar y batallas ineludibles que dar. Se trata en fin de luchar por la igualdad, la de todas

Vuelve marzo. De un tiempo a esta parte, el mes que precede a la primavera se llena de violeta y de lemas feministas. Nuestras agendas se colman de asambleas y charlas. Escuchamos más de cerca los debates que se fraguan en torno a los feminismos. ¿En qué momento están? ¿Cuál viene a ser la agenda? ¿Cómo llegaremos al 8M? ¿Quién se sentirá parte y quién no? ¿Qué victorias habremos de celebrar? ¿Qué ausencias lamentar? ¿Contra qué límites nos seguiremos chocando?




En los últimos años han pasado muchas cosas. Nos hemos emocionado en las calles desbordadas de sororidad y sed de transformación feminista. Nos hemos indignado en común y no hemos esperado ni un segundo en salir a mostrarlo. Nos hemos asustado, también en común, ante la resaca que se cierne contra nosotras, el precio que nos quieren hacer pagar por habernos convertido en vanguardia contra las fuerzas violentas del capital y del patriarcado.

Nos hemos tropezado con contradicciones, autoritarismos y vértigos, que laten desde adentro, que a ratos parecen boicotear nuestra marcha. Nos hemos desinflado y vuelto a ilusionar con la mirada puesta en otras partes del mundo, con las primaveras feministas de las otras. Ha pasado de todo. Y aquí seguimos. Un marzo más.

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