dissabte, 18 d’abril del 2020

Ocho cosas que la crisis del covid-19 nos ha mostrado que hay que cambiar en la economía


Aquellas cosas que si no han sido buenas durante el coronovirus, si nos han causado problemas para resistir este envite o si se han “cancelado” o modificado durante la crisis por sus efectos negativos, entonces deberían ser cambiadas siempre.

Las ideas que parecían buenas, y que de hecho se han dado por buenas, han resultado nefastas y malignas. Si eras de las personas que las ponían en duda, eras tachado de radical o bolivariano.




Las recetas económicas de los gurús liberales, los mantras sobre el libre mercado y la mano invisible se han cambiado por medidas socialistas, keynesianas e intervencionistas en todos los países del globo...

 En ese mundo patas arriba escuchamos a liberales pronunciándose en público a favor de una renta básica, a los que odiaban el intervencionismo exigiendo ser rescatados, a los amantes del mercado pidiendo más inyección de capital público, a dirigentes que confiaban en la mano invisible interviniendo empresas y precios de productos sanitarios.

Reconocer y analizar cuáles han sido algunos de esos sapos que se han tenido que tragar los que han defendido siempre el libre mercado nos ayudará a comprender qué debemos cambiar en el futuro para estar mejor preparados en la próxima vez que nos veamos en una similar.

 el mantra del mantener el déficit (la diferencia entre lo que gasta un país y lo que ingresa) ha sido el principal motivo de los recortes...

 La obsesión por rebajar el déficit por debajo del 3%, esa misma que nos impuso los recortes, ahora no sirve porque los servicios sanitarios recortados no pueden afrontar esta crisis sanitaria...

El Pacto de Estabilidad y Crecimiento es un corsé impuesto por las instituciones europeas que no ha traído más que austeridad y el debilitamiento del sector público y los servicios que ofrece a la ciudadanía...

 El Tratado de la UE, que prohíbe que el BCE preste dinero directamente a los Estados debe ser derogado y ese capital debe ir directamente a las cuentas de los países para que los gobiernos democráticos elijan cómo gastarlo, en vez de que lo hagan los bancos...

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