Aunque nos duela reconocerlo, nuestras cien mil batallas, los grandes sacrificios y muertes a través de decenas de años, de casi nada han servido para acabar con el sistema capitalista explotador y opresor que ha sufrido el mundo durante varios siglos. Las batallas pacíficas y violentas aquí y allá, algunas victorias y muchas más derrotas, algunos avances y muchos retrocesos, todo ello, generación tras generación, nos han hecho vivir ilusionados pensando que muy pronto acabaremos con la corrupción, los saqueos y la desigualdad.
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