Abdoulaye Maïga enseña orgulloso fotos de él y su familia en una época más feliz, cuando vivían juntos en su casa, en el norte de Mali. Ahora parece que fue hace mucho tiempo y le resulta doloroso recordarlo.
“Vivíamos felices, como una gran familia, antes de la guerra y comíamos y bebíamos tanto como queríamos gracias a nuestros cultivos y ganado”, dice. “Entonces estalló la guerra y nuestras vidas cambiaron para siempre. Nos vimos obligados a desplazarnos hacia el sur y finalmente nos instalamos en la región de Mopti. En 2013 volvimos a casa cuando la situación se estabilizó”, relata Abdoulaye.














