En estos tiempos de coronavirus y cuarentena, las tecnologías digitales se presentan como la solución a muchas necesidades: desde el teletrabajo ylas compras a domicilio, hasta reuniones, arte y diversión en línea. A la vez que ello profundiza nuestra dependencia frente a estas tecnologías, los gobiernos –y en particular los de tendencia autoritaria– acentúan medidas de vigilancia digital, incluyendo las apps de rastreo que la ciudadanía, por lo general acepta, entendiendo que precautela su seguridad.
En este contexto, las grandes corporaciones digitales están aprovechando la situación para consolidar aún más su poder, mediante el control de las plataformas de venta, de teleducación, mecanismos de vigilancia y rastreo, salas de reunión digital, etc. En tal medida también pretenden sortear las presiones que venían desde la ciudadanía y legislaturas para fijar límites a su poder monopólico o exigir que paguen su debida cuota de impuestos en los países donde operan.
Sin duda, el predominio digital bajo un régimen de big data e inteligencia artificial -IA- se acelerará a partir de la crisis actual. La pregunta clave es entonces ¿cuál sociedad digitalizada y bajo qué modelo?¿Será el modelo dominado por las grandes corporaciones digitales, de extracción y explotación de datos, con o sin consentimiento, orientado a sus ganancias privadas y a los intereses de sus clientes corporativos o estatales? ¿O será un modelo bajo control ciudadano democrático, con primacía al interés público y el bienestar de las mayorías?
Esta disputa, que por ahora se está inclinando en favor del modelo corporativo, quizás no es la lucha social más importante que enfrentamos en la presente coyuntura, cuando están en juego la supervivencia, la salud, la comida, el trabajo, la desigualdad, el medio ambiente, la paz, la democracia, las múltiples formas de violencia… Pero si perdemos el control de internet, perdemos el control del terreno donde, en gran medida, se juegan estas otras luchas y se disputan narrativas. Se trata de una lucha crucial para nuestro futuro colectivo.



















