En Rio de Janeiro, el Gobierno lanza una cruzada contra los excluidos bajo el pretexto de luchar contra la delincuencia y el narcotráfico.
En un estudio comparativo entre la realidad de las favelas de Rio y los territorios palestinos ocupados, la investigadora Gizele Martins reflexiona: “Lo que los vecinos del conjunto de favelas A Maré vivieron durante la Copa Mundial de Fútbol no es demasiado diferente de lo que viven los palestinos. La militarización de la vida es algo constante y asustador. Allí son los cazas que atraviesan diariamente la vida de la gente, aquí son los caveirões aéreos (helicópteros blindados y artillados). Lo trágico es percibir que hay una naturalización mundial de la violencia que ambos pueblos sufren por parte de los poderes estatales y militares”.
En efecto, existen una serie de relaciones y analogías, que autorizan la comparación: el Batallón de Operaciones Especiales carioca entrena en Israel. Brasil es el quinto mayor comprador mundial de armas israelíes. Los carros blindados que ruedan en las grandes ciudades brasileñas son de esa procedencia. Rio de Janeiro, como Palestina, ostenta su “muro de la vergüenza”, construido en 2009 para el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos, cerca el complejo de favelas A Maré. Las autoridades lo llamaron “barrera acústica”, argumentando que era para preservar a sus habitantes del ruido de los automotores —la favela existe desde 1940—. A nadie escapó que el muro fue levantado para evitar que los extranjeros que asistieran a los eventos se enteraran de que —para demasiada gente— la ciudad distaba de ser maravilhosa.



