“Es imperativo que los estados y la sociedad en general tomen conciencia de que la crisis carcelaria que se vive en sus países no solo afecta a las personas privadas de libertad, sino que se extiende a sus familias y a toda sociedad en su conjunto…Las cárceles son el reflejo de una sociedad”: Amerigo Incalcaterra.
En los sistemas penitenciarios de América Latina las personas presas conviven con la inseguridad, el hacinamiento extremo e incluso la muerte, lo que contradice en los hechos un gran logro de la región: la abolición de la pena de muerte en prácticamente todos sus países.
