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divendres, 12 de juny del 2020

El Sahel es igual a crisis, en todos los sentidos de la palabra


NACIONES UNIDAS, 10 jun 2020 (IPS) - La combinación de inseguridad generalizada, carencia de alimentos  y más de 7,5 millones de personas que necesitan asistencia humanitaria definen la crisis en que está hundida la región del Sahel y que va a  exacerbarse por los impactos de la pandemia del coronavirus.

Este miércoles 10,  Amnistía Internacional pintó el prisma de las varias caras de la inseguridad en el Sahel, en la que la población civil “vive atrapada entre los ataques de los grupos armados y las operaciones militares en curso».

La organización humanitaria presentó un informe titulado “Ejecutaron a algunos y se llevaron al resto con ellos: Las vidas de civiles en peligro en el Sahel”, en que detalla la grave realidad en la región, especialmente en Malí, Níger y Burkina Faso.




El Sahel es una franja semiárida que atraviesa horizontalmente África, desde el océano Atlántico al mar rojo y se interpone entre el desierto del Sahara y las sabanas y bosques del centro del continente. Está compartida por 11 países y en parte de ellos unos cuatro millones de personas viven sometidas al hambre, una cifra que podría cuadriplicarse en breve, según agencias de las Naciones Unidas.

En ese contexto, Amnistía Internacional dijo que en Malí y Burkina Faso el asesinato deliberado de ciudadanos desarmados por las fuerzas de seguridad ha alcanzado un nivel que podría considerarse como crímenes de guerra.

El Sahel occidental ha estado bajo una crisis de seguridad desde 2012, cuando los  rebeldes tuareg en Mali se agruparon en un intento de administrar un nuevo estado del norte llamado Azawad.

dissabte, 28 de desembre del 2019

Radiografía de Mali: tormentas de arena y anhelos de paz


En 2018, según ACNUR, los malienses fueron el segundo grupo de migrantes en llegar al Estado español a través del Mediterráneo, dejando atrás un país sumido en un conflicto armado que amenaza con derivar en limpieza étnica


“El oro viene del sur, la sal del norte y el dinero del país del hombre blanco; pero los cuentos maravillosos y la palabra de Dios solo se encuentran en Tombuctú”. Este proverbio maliense recuerda las centenarias rutas comerciales que hoy en día se han convertido en el epicentro de un conflicto que, de no ser por los atentados yihadistas reflejados en los medios de comunicación, sería poco probable que se conociese. Y eso a pesar de haber causado más de 6000 muertes y 260.000 personas refugiadas —120.000 desplazadas internas— según datos estimados por la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de las Naciones Unidas, en un país de fuertes contrastes y con solo 20 millones de habitantes.




Las legendarias ciudades de Tombuctú y Gao han sido faros culturales del África Occidental y referentes para miles de viajeros que recorrían el imponente río Níger en busca de las raíces de la humanidad. Lugares que sirvieron de inspiración al pintor mallorquín Miquel Barceló o que acogieron una de las primeras universidades del mundo –la Madrasa de Sankore-, se han convertido en el epicentro del mayor grupo yihadista contemporáneo, Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y sus aliados regionales; provocando una guerra que está socavando la convivencia histórica entre las diferentes etnias y clanes.

dijous, 19 de desembre del 2019

Desplazados por el desierto: la expansión del Sahara que rompe familias y es fuente generadora de violencia


Abdoulaye Maïga enseña orgulloso fotos de él y su familia en una época más feliz, cuando vivían juntos en su casa, en el norte de Mali. Ahora parece que fue hace mucho tiempo y le resulta doloroso recordarlo.

“Vivíamos felices, como una gran familia, antes de la guerra y comíamos y bebíamos tanto como queríamos gracias a nuestros cultivos y ganado”, dice. “Entonces estalló la guerra y nuestras vidas cambiaron para siempre. Nos vimos obligados a desplazarnos hacia el sur y finalmente nos instalamos en la región de Mopti. En 2013 volvimos a casa cuando la situación se estabilizó”, relata Abdoulaye.


Niñas malienses permanecen a la sombra en Kidal, en un poblado al norte de Mali


En 2012, diferentes grupos de rebeldes tuaregs se unieron para formar y administrar un nuevo Estado en el norte del país llamado Azawad. Según las Naciones Unidas, las contiendas civiles resultantes desplazaron a muchas personas de sus hogares y las comunidades huyeron con su ganado, con lo que terminaron compitiendo entre sí por los escasos recursos naturales en comunidades de acogida hostiles.

Cuando la situación de seguridad empezó a mejorar en 2013, muchos volvieron a sus hogares para reconstruir sus vidas y medios de subsistencia. Sin embargo, pronto fue la expansión del desierto del Sahara, la sequía y la degradación del suelo lo que les llevara de nuevo a desplazarse.