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diumenge, 7 de maig del 2017

Eduardo Galeano. El derecho de soñar



Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:


Pressenza rinde homenaje a Eduardo Galeano con este texto escrito en octubre de 1999 en el que proclamó “El derecho de soñar”.

el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones; en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;

la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;

el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;

la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;
....


dissabte, 14 de gener del 2017

Atreverse a soñar Imaginar un mundo mejor es el primer paso para crearlo.


“El primer paso hacia la construcción de un mundo alternativo ha de ser el rechazo de la imagen del mundo implantada en nuestra mente… En la cultura de la globalización, como en… el infierno, no se vislumbra otro lugar ni otra cosa. Lo que hay es una cárcel. Pues desde una posición ventajosa distinta, es la diversidad de la resistencia –individual y colectiva, sobre uno y varios temas, organizada y desorganizada, visible y fugaz, ruidosa y silenciosa, ordinaria y extraordinaria– lo que la convierte en notable, es decir, en aquello que exige más que el mero comentario. Y en algunas partes es así”.  John Berger




Como nos recuerda John Berger, el primer paso hacia un mundo alternativo es negarse a aceptar que lo que tenemos es lo mejor que podemos hacer. A los utópicos se les despacha como soñadores insensatos e ingenuos, pero son fundamentales para el florecimiento humano. La creencia de que el mundo podría ser más justo y la vida mejor nos alienta y crea el espacio que posibilita el cambio. En el mundo moderno, un concepto restrictivo del progreso ha sofocado nuestra imaginación, con consecuencias perjudiciales para todo el mundo

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