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dimecres, 1 de juliol del 2020

Crear alternativas al capitalismo


En el mundo no faltan los recursos, lo que falta es justicia y, sobre todo, compartir. El Producto Interno Bruto (PIB) mundial –la suma de los bienes y servicios producidos en un año– es de 85 billones de reales. Si se dividiera ese valor entre la población mundial, daría para asegurarle a cada familia de cuatro personas ingresos mensuales de dos mil 700 dólares aproximadamente. Por tanto, surge la pregunta: ¿con qué objetivo se produce? ¿Atender a las necesidades de la población u obtener ganancias?

La desigualdad mundial es escandalosa. El 1% de la población mundial detenta más riquezas que el 99% restante. Y 26 familias acumulan una fortuna igual a la suma de las riquezas de la mitad de la población mundial, o sea, tres mil 800 millones de personas. En Brasil, según el economista Ladislau Dowbor, seis familias acumulan más riquezas que los 105 millones de brasileños que se encuentran en la base de la pirámide social.




Por tanto, es necesario avanzar hacia la democracia económica. No basta la democracia política en la que, teóricamente, todos participan en la elección de sus gobernantes. Todos deberíamos disfrutar de los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano. Y habría que garantizarle una renta básica universal a cada familia. Todas ellas merecen tener acceso gratuito a los Derechos Humanos básicos, como la alimentación, la salud y la educación. Se engaña quien piensa que eso representa costos. Se trata de inversiones que mejoran significativamente el nivel de desarrollo de la sociedad y la calidad de vida de la población.

“En el mundo no faltan los recursos, lo que falta es justicia y, sobre todo, compartir”

Hoy el desafío consiste en perfeccionar la democracia. Hacerla avanzar de mera delegación a una democracia de participación en la que los ciudadanos decidan el destino de los recursos del Estado mediante sistemas de transparencia de la gestión de dichos recursos, lo que se ve posibilitado por las nuevas tecnologías.

divendres, 8 de maig del 2020

El capitalismo en una era de plagas y catástrofes


El capitalismo plantea una amenaza mortal para la supervivencia humana básicamente de tres maneras. En primer lugar, ya no crea puestos de trabajo. Ha hecho que por lo menos unos mil millones de personas sean totalmente excedentes para las necesidades de la actual producción globalizada. La mayoría de las personas en las ciudades de África y América Latina trabajan en el sector informal, y este es el único sector que está creando puestos de trabajo. El segundo aspecto es el cambio climático. El capitalismo nos ha llevado a una era geológica completamente nueva, una era donde el cambio climático tiene enormes consecuencias en la propagación de catástrofes y enfermedades. Por ejemplo, con el calentamiento global ha hecho que los insectos transmisores de la malaria, el dengue y otras pestes se están desplazando hacia el norte. Según los especialistas la reaparición de la malaria en determinados lugares de Europa, ya es casi inevitable. Y en tercer lugar, el capitalismo amenaza nuestra supervivencia porque desencadena y produce el tipo de pandemias en las que estamos en medio ahora.




No se trata de una simple pandemia. En realidad estamos viendo una época de pandemias y enfermedades emergentes. La globalización capitalista ha producido estas nuevas plagas. El capitalismo ha destruido las fronteras naturales y sociales entre las poblaciones de humanos y los animales salvajes, que antes vivían muy distanciadas.

Los coronavirus se encuentran principalmente en los murciélagos. Los murciélagos son tan solitarios, que se necesitan una gran cantidad de estos mamíferos alados para ponerlos en contacto con los humanos o con animales infectados por ellos. La fuerza propulsora de este fenómeno ha sido la destrucción de los bosques tropicales por empresas multinacionales de explotación forestal.

Luego está la agricultura industrial, y la industrialización de la producción de aves de corral y ganado. Hay fábricas que procesan un millón de pollos al año. Son como aceleradores de partículas de enfermedades virales. Estas fábricas se han transformado en una eficiente máquina que cría nuevos híbridos de virus y los distribuye masivamente.

Desde los propios parámetros inmunológicos, el factor más importante es que hay dos humanidades. Una humanidad bien alimentada, generalmente con buena salud y con acceso a la medicina. Y una segunda humanidad, que no tiene sanidad pública o que depende de sistemas médicos que fueron en gran parte destruidos en los años 80 y 90.



diumenge, 26 d’abril del 2020

La pandemia no es el fin del capitalismo


La pandemia del coronavirus no es el fin del mundo. Tampoco es el fin de la historia. No podemos decir que la pandemia liquidará el capitalismo. Hay muchos pensadores que postulan estos desenlaces pensando en los terribles sufrimientos que el coronavirus le está causando a la humanidad. A pesar de ello, el mundo seguirá su camino, sacudido y golpeado por la pandemia. Las clases dominantes seguirán escribiendo su historia. El capitalismo aprovechará esta crisis para reforzar sus puntos débiles y continuará haciendo estragos de la naturaleza, así como de las mujeres y hombres que somete a su explotación.


El capitalismo, al igual que el capital, es una relación social. Es una relación que siempre ha existido desde los tiempos en que se escribía sobre piedra. Es a partir del siglo XVI (los viajes de Colón), sin embargo, que comienza a consolidarse en algunas ciudades europeas. Los metales preciosos que los españoles le extraen a las minas de América aceleran el comercio europeo con el Oriente. El creciente intercambio les permite a los capitalistas de las ciudades del occidente europeo acumular riquezas e invertir en nuevas empresas en el siglo XVII. Surgen los reinos “absolutos” que concentran enormes riquezas (para la época) y desatan guerras interminables para ampliar su poder sobre el viejo continente. Al mismo tiempo compiten por materias primas y mercados en todos los continentes, incluyendo América. Este crecimiento combinado es lo que caracteriza el capitalismo.



El capitalismo sólo desaparecerá cuando las relaciones sociales que la sustentan se disuelvan. Es decir, cuando las luchas de los trabajadores y sus salarios no les permitan a los capitalistas acumular. Por ejemplo, en EEUU se le paga a un obrero no calificado US$15 la hora. Según los capitalistas norteamericanos esa remuneración no les permite apropiarse de un excedente. Dejaron de pelear con las organizaciones laborales para bajar los salarios y optaron por trasladar (‘externalizar’) las enormes plantas industriales a China. Las industrias norteamericanas de acero, farmacéuticas, automovilísticas, químicas y muchas otras reaparecieron por toda la geografía oriental de China. El salario de los trabajadores chinos es una fracción de lo que se paga en EEUU. Con el cambio los capitalistas norteamericanos volvieron a captar enormes excedentes.

La pandemia ha golpeado muy fuerte a EEUU. Sus gobernantes (con el magnate y presidente Trump a la cabeza) dicen que tienen que reconstruir su industria que fue ‘externalizada’. Aparentemente, se percataron cuan vulnerables son sin una base material. Pero no será una tarea fácil. Si los trabajadores desempleados, cuyos sindicatos fueron destruidos, son nuevamente reclutados, se reagruparán para exigir los salarios que los capitalistas no pueden pagar. En esa contradicción insalvable, surgirá China como potencia hegemónica. No es el fin del capitalismo. Los líderes en Pekín lo llaman ‘socialismo de mercado’.

dijous, 26 de març del 2020

La pandemia de COVID-19 pone en vitrina la crisis del Capitalismo


En un mundo en el que la mayoría del sufrimiento humano es perpetrado por una pequeña minoría contra la gran mayoría, un pequeño lado positivo de la actual pandemia de coronavirus es que parece tenernos a todos del mismo lado. Un flagelo con la capacidad de aterrorizar a los responsables significa que, irónicamente, estamos más asustados y más seguros. Cada vez somos más conscientes y nos damos algunas de las mejores herramientas disponibles para enfrentar la emergencia de la «vida bajo COVID-19», de una manera que no estamos para el terror cotidiano que es «la vida bajo el capitalismo».


Los clientes hacen fila para comprar en una tienda de Costco en Brooklyn mientras el brote de COVID-19 continúa el 19 de marzo de 2020 en la ciudad de Nueva York. Victor J. Blue / Getty Images


El cambio climático, la guerra, el genocidio, la explotación económica, la hambruna y las enfermedades curables toman más víctimas diariamente que COVID-19 en todo su reinado. Debido a que estos fenómenos son fundamentales para el statu quo, victimizando a los sujetos a él en lugar de a los que someten a otros a él, no son impactantes sino rutinarios. Como tal, nunca inspirarán la respuesta global coordinada que ya tiene el coronavirus.

Pero, por supuesto, incluso existe un virus de igualdad de oportunidades en un contexto social que es todo menos igualitario, lo que garantiza que una enfermedad no discriminatoria tenga impactos discriminatorios.

COVID-19, como casi cualquier otra situación, recompensará a los ganadores y castigará a los perdedores. Pero recordemos que, como siempre, nuestra sociedad garantiza que haya perdedores.


dimarts, 17 de març del 2020

Por qué el Covid-19 ataca el corazón del cambio climático


El camino hacia un clima estable deberá atravesar algún tipo de colapso económico. No tendrá nada que ver con un modelo de negocio más sostenible o una acción gubernamental más progresista; ambos enfoques han fallado. Seamos realistas: las personas simplemente no sienten la urgencia de cambiar la forma en que viven sus vidas y el gobierno es demasiado débil y / o corrupto para liderar el camino.

¡Espera, para con esta negatividad!




Quizás creas que encontraremos una solución tecnológica como la captura de carbono o quizás creas en la capacidad de la energía solar, eólica, mareomotriz y algas como una cesta de soluciones renovables. O tal vez piense que el movimiento de Greta obligará a la mano del gobierno a finalmente dar los pasos firmes que necesitamos. Puede que tengas razón … tal vez … tal vez no. Pero creo que a altas horas de la noche, cuando estamos solos con nuestros pensamientos, podemos ver la escritura en la pared. Nuestros esfuerzos durante los últimos 30 años han fallado y no es de extrañar: hemos estado presionando el botón de «cambio» incorrecto.

El cambio climático es una crisis de cámara lenta, perfectamente adecuada para que los políticos echen a andar. Para reducir las emisiones en la cantidad establecida por los científicos en el informe del IPCC se requiere una reducción masiva del sector de combustibles fósiles y un replanteamiento completo de cómo hacemos negocios. La cantidad de inestabilidad económica y pérdida de empleos que esto crearía no tendría precedentes. Es un suicidio político: los votantes no apoyan a los políticos que toman su trabajo por una crisis que se prolongará durante décadas.

divendres, 31 de gener del 2020

Chile. La ilusoria y mezquina alternativa del «progresismo»


Una de las reacciones del establishment a la rebelión popular iniciada el 18 de octubre pasado es la que procede de quienes se definen a sí mismos como pertenecientes al campo del «progresismo». Es decir, de aquellos que, limitando su crítica a los males del «neoliberalismo» o buscando solo morigerar sus excesos, abogan por un capitalismo «con rostro humano», que sea capaz de acoger y satisfacer las demandas de la inmensa mayoría que aspira a acceder a una vida digna y segura, con los estándares de confort propios del siglo XXI.




Fuertemente traumatizados por la derrota de la izquierda en 1973 y por el fracaso de los «socialismos reales», con los que se identificaron muchos de ellos en el pasado, estos «progresistas» no solo descartan la posibilidad de que para satisfacer dicha aspiración ciudadana sea necesario terminar con el capitalismo. Por el contrario, han llegado incluso a considerar al sistema de explotación y depredación capitalista que impera hoy en el mundo como el más conveniente fundamento social posible para la vida humana en el planeta.

De allí que, completamente ciegos ante los grandes males y amenazas asociadas a este sistema, como la ominosa desigualdad social que excluye de los beneficios del progreso a una proporción cada vez mayor de seres humanos -los «condenados de la tierra» a que aludía Franz Fanon-, la creciente transformación de las fuerzas productivas en terroríficos medios de destrucción masiva o la formidable catástrofe ambiental que se desarrolla ante nuestros ojos, se empeñen hoy vanamente en «salvar al capitalismo de los capitalistas»

dimarts, 12 de novembre del 2019

Deuda social y psicología del neoliberalismo


La deuda no es solo tema de dinero. Ni de bancos, banqueros y matemática financiera. La deuda es un tema que tiene muchas aristas y es un tema que el pueblo, la sociedad toda, lo debe tomar como propio para ir rompiendo un poco las cadenas de la opresión y empezar a dar unos pequeños pasos hacia la liberación.

Todos los caminos conducen a la deuda. Desde nuestra perspectiva, desde la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública (RICDP), entendemos que la deuda es un mecanismo de dominación mundial dentro de un sistema que es el capitalismo. Precisa para legitimar esto, entre otras cosas, de la psicología.




¿Qué  tendrá que ver la psicología, se preguntaran, con la deuda pública? Mucho y ahora lo vamos a ver.

Primero que el sistema capitalista tiene sus raíces en al menos 200 o 300 años atrás. Tiene unas condiciones concretas donde el capital está en el centro de toda relación y vínculo en su más amplio sentido, la explotación del hombre por el hombre, una sociedad donde existen dos clases, etc.

Pero además de eso, el capital es un vínculo. Es un modo de relacionarnos.

Se ha logrado una internalización, una sensación de falsa libertad, una sumisión aceptada por la gran maquinaria propagandística del sistema, que destina cantidades de dinero para legitimar un sistema que es insostenible.

Y aunque lleguemos a esa conclusión tendemos a no pasar a la acción y ese es uno de los mayores problemas que tenemos los que estamos del lado de los que vendemos nuestra fuerza de trabajo, los que estamos del lado de la liberación.





dimecres, 9 d’octubre del 2019

La duda es un arma cargada de futuro


Economía, política y medios: la temible trilogía del poder. Tres bienaventuranzas huecas y un solo mal verdadero: el orden que trastoca los perímetros que jerarquiza. La doctrina que vuelve espurio lo que toca. Apenas, acaso, aprovecha la capacidad de personas y sociedades para diseccionar con bisturí los peculiares relatos del poder e identificar sin lupa los códigos de cada narrativa política y mediática.

Las ilusiones totalitarias del capitalismo, al final del siglo XX, se convirtieron muy pronto en pesadillas de exterminio, negación, racismo y miseria. La gloria apenas fue gloriosa para unos pocos, y, en cambio, fue una angustia para las extensas y crecientes franjas de población de los países desarrollados, clases medias en declive, clases bajas siempre abajo. Y, claro está, fue un suplicio para los excluidos habitantes de los países periféricos.





En el remate de feria global, los grandes medios de los grandes capitales jugaron un papel central. Ellos impulsaron todos y cada uno de aquellos eventos ambulantes de la plutocracia poseedora y poseída: el filosófico (la posmodernidad), el ideológico (la debacle del comunismo), el histórico (el fin de una historia sin fin), el económico (capitalismo a sus anchas, neoliberalismo lanza en ristre) y el político (el gobierno específico de unos cuantos pillos como la democracia ideal).

Esos medios siguen jugando un papel decisivo en el desespero social consecuente, el del presente, fortalecido con la eclosión digital, internet y las demás tecnologías magníficas y escalofriantes que alientan los odios de unos contra otros, exacerban miedos y prejuicios, o tientan con las salidas de emergencia que dan hacia los regímenes abusivos y dictatoriales de la ultraderecha, de Trump y sus cómplices a Bolsonaro y los suyos, por ejemplo.


dissabte, 5 d’octubre del 2019

Capitalismo y cambio climático: dos caras de una misma moneda


El mundo nos da señales. Nos advierte. Nos muestra, en distintas dimensiones, -social, política, económica, cultural, ambiental- que atravesamos una crisis.

 ¿Quién se atreve a decir que la situación es de tranquilidad?, ¿Quién niega que el mundo está en un momento de ebullición? Nos centraremos analizar aquí la crisis ambiental global y la forma que asumen algunas de las luchas y movilizaciones a lo largo y ancho del globo.

 Transitamos, dentro del sistema capitalista, su fase financiera-global, donde la clase dominante, personificada en la “Moderna Aristocracia Financiera”, tiene como objetivo la maximización de las ganancias, a costas de la explotación sin límites de la naturaleza, de los trabajadores y de las trabajadoras.




Esta fase se caracteriza por la concentración y centralización del capital a una escala global, teniendo como grandes protagonistas a las cities financieras (Wall Street, Londres, Shanghai, etc), a los fondos y bancas de inversión, y a las plataformas de internet como ordenadoras de una economía articulada en red. Algunas de sus herramientas claves son el manejo de dinero especulativo en alta escala, la digitalización del capitalismo, invirtiendo el excedente en el desarrollo de lo tecnológico, como el 5G, la Inteligencia Artificial (IA), Internet de las Cosas (IoT), etc.

 Según datos de Oxfam, en enero de 2017 solo 8 hombres poseían la misma riqueza que los 3.600 millones de personas, que conforman la mitad más pobre de la humanidad. El 82% de la ganancia del mundo quedó en el 1% de la humanidad, mientras que un 1% controla el 50% de esa riqueza en igual período.


dimarts, 30 de juliol del 2019

Contradicciones en el capitalismo ¿Hay principales y secundarias?


"Todas las contradicciones marchan de la mano, y no es posible superar ninguna de ellas por separado. Si ello se intenta, no pasa de un intento vano", es una conclusión importante sostenida por Marcelo Colussi en su análisis Contradicciones en el capitalismo ¿Hay principales y secundarias? Colussi explica que no es posible una justicia económica si sigue habiendo patriarcado, no es posible la equidad de género si no hay equidad económica y no puede aspirarse a un mundo más armónico si persiste la locura consumista que depreda nuestra casa común, el planeta Tierra. 



La sociedad capitalista está sostenida por una serie de contradicciones que, lejos de resolverse, se profundizan cada vez más conforme pasa el tiempo, aunque aparentemente se las quiera “suavizar”, hacerlas más digeribles y presentables. Son contradicciones inherentes al capitalismo en tanto sistema, si bien algunas existían antes de él. Aquella sentencia de Marx de que “Con el capital el mundo se hizo redondo” plantea ya con toda claridad que una de las características fundamentales del modo de producción capitalista desde sus inicios, es su desarrollo a escala global. Por ello puede decirse que la preconizada y a la moda “globalización” actual empezó prácticamente con el capitalismo mismo, con la llegada del hombre blanco a tierra americana.

En el período de la acumulación originaria en los países europeos dominantes, la sobre explotación de la fuerza de trabajo esclava traída a América desde el África y la fuerza de trabajo indígena de este continente jugaron un papel determinante. Eso no puede explicarse sin entender el racismo que acompañó el desarrollo capitalista, racismo que sirvió para justificar la inmisericorde explotación (“civilizados” –hombre blanco– versus  “salvajes” –esclavos africanos negros, población originaria de América–). El racismo, o discriminación étnica, para ser “políticamente correctos” al día de hoy, no ha desaparecido. Es más: se ha incorporado cotidianamente, por eso en Guatemala, por ejemplo, un pobre que no se auto-reconoce como indígena puede decir campante: “seré pobre pero no indio”. Como se ve, las contradicciones se articulan, se anudan todas entre sí: para el caso, la económica con la étnica.

dissabte, 20 de juliol del 2019

La migración, las guerras imperialistas, el comercio de armas y el funcionamiento del capitalismo


Una gran cantidad de oradores internacionales asistieron para dar charlas en el Foro Social Internacional organizado por el Partido Laborista del Reino Unido, los días 13 y 14 de julio de 2019, sobre temas de economía global, crisis climática, finanzas globales y responsabilidad, movimiento de personas y proteccionismo comercial. Publicamos aquí la transcripción de la conferencia de Rafeef Ziadah, profesora de Política Comparada de Oriente Medio de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) de la Universidad de Londres, en la sesión plenaria sobre el Movimiento de Personas.




Debería empezar por darles la bienvenida a esta Universidad, un lugar que se enfrenta a la peor parte de la comercialización de la educación y esta es una lucha que estamos teniendo actualmente aquí en SOAS y van a escuchar mucho de nuestro sindicato el año que viene. Así que espero que lo tengan en cuenta mientras hablamos de la migración y el movimiento de personas, hoy, que hay estas luchas en todo el sector académico y que no podemos esperar a que un gobierno laborista detenga las amenazas que se ciernen sobre nuestro sector.

Dicho esto, quiero ser realmente honesta sobre lo difícil que fue para mí escribir esta ponencia. Escribo esta conferencia como alguien que es una refugiada palestina a la que se le niega el derecho de regresar a su casa, y como alguien que hasta hace muy poco era indocumentada, o lo que algunas personas llaman ilegal. Así que sé lo que significa que un pedazo de papel pueda dictar toda tu vida; si puedes ver a un dentista cuando estás enfermo, si puedes ver a un médico, pero también a quién puedes amar, con quién puedes casarte y cómo puedes moverte. Así que para mí esta no es sólo una cuestión de política, es una cuestión de cómo nos tratamos los unos a los otros como seres humanos, cómo pensamos los unos en los otros y cómo vivimos y sobrevivimos en este planeta, porque a pesar de las fronteras es en realidad un solo planeta que podríamos estar enviando al infierno y en llamas en este momento.

dimecres, 26 de juny del 2019

«No hay sostenibilidad compatible con un sistema que crezca constantemente»


Concienciar, contextualizar y proponer medidas ante el mayor reto que la humanidad tiene por delante: la crisis climática.

Cuando piensa en emergencia climática, palabra de moda tras los últimos acontecimientos político-sociales y periodísticos, a Emilio Santiago le viene a la cabeza la economía de guerra de la II Guerra Mundial, «en referencia al modelo de transformación política que las emergencias climáticas deberían inspirar». Para él y para Héctor Tejero, la declaración de emergencia climática es «un hito simbólico e importante para situar el debate en el espacio público», pero «insuficiente» si no se acompaña «de una serie de reformas estructurales, muy intensas y cortas en el tiempo», cuenta Santiago, que se muestra claro en varias ocasiones: «no es un juego de todo o nada».


Héctor Tejero y Emilio Santiago tras la entrevista.

la declaración de emergencia climática es «un hito simbólico e importante para situar el debate en el espacio público», pero «insuficiente» si no se acompaña «de una serie de reformas estructurales, muy intensas y cortas en el tiempo»

Una emergencia que, como citan en el libro, es el síntoma de una enfermedad llamada capitalismo. Esta, además, tiene un tercer implicado que son los lobbies, bacterias encargadas de que los anticuerpos no consigan vencer. «Son los malos de la película», afirma Tejero en referencia a los grupos de presión y a los que señala como la mayor amenaza de la lucha climática y la transición ecológica. Santiago, además, añade «un culpable con nombre y apellido»: «Los proyectos políticos que apuestan por un modelo de transición radicalmente distinto», mencionando a la extrema derecha y Trump como «ejemplo de alguien que quiere apurar la era de los combustibles fósiles lo máximo»

dimecres, 22 de maig del 2019

Chile. Poquita fe


¿En qué etapa de la evolución del capitalismo nos encontramos? ¿Cómo llamarán a esta época neoliberal salvaje los historiadores del futuro? ¿Habrá historiadores, o serán los economistas quienes hagan las definiciones del pasado?

Que hay un cambo de folio, es algo indiscutible. Las nuevas generaciones sienten que se les habla de asuntos prehistóricos cuando alguien menciona palabras como ‘sindicato’, ‘clases sociales’, ‘explotación’, ‘estado de bienestar’, y otras del mismo tenor. Ni mencionar lo que ocurriría en un grupo de jovenzuelos si alguien osa pronunciar conceptos como “lucha de clases” o “cultura y arte comprometidos”. Sería el desbande de mozalbetes. ¿Sólo de mozalbetes?




Es entendible –pero jamás aceptable– la resistencia que la derecha política tiene ante materias como Historia, educación cívica, filosofía, geografía económica, sociología, psicología social, y otras del área de las ciencias sociales. Esa derecha acepta sin remilgos sólo el estudio de la Economía, aunque soslaya interesadamente que ella forma parte de las ciencias sociales. La ignorancia muchas veces alcanza en política el grado de licenciatura.

Nuestros antepasados dieron una larga y dura lucha contra la explotación y la miseria impuestas por los gobiernos conservadores de comienzos y mediados del siglo veinte. Tuvieron paréntesis exitosos, breves, para ser finalmente masacrados por la acción bélica de la clase social privilegiada, que suele utilizar los talentos de las fuerzas armadas para defender sus intereses.

Los jóvenes de hoy (en su mayoría) han sido convencidos por la prensa funcional al sistema que es de mal talante, de mala clase, una ordinariez casi ‘flaite’, pertenecer a un sindicato. Impera el individualismo. Nada de ayudar al vecino, que podría transformarse en un severo competidor

dissabte, 29 de desembre del 2018

Ecosocialismo: Un horizonte para un cambio de época


En tiempos de Trump, Bolsonaro y otros representantes del neofascismo, puede que algunos lectores recuerden la frase atribuida a Fredric Jameson según la cual parece más fácil imaginar el fin del mundo que el final del capitalismo; una sentencia que, a la vista de lo que muestra el escenario ecológico actual, parece tomar forma de amenaza cierta. En tiempos de avance de una derecha (extrema) neoliberal y autoritaria en Asia, Europa y América y en los que la izquierda se encuentra sumida en una profunda crisis de identidad y proyecto, absorta en pequeñas e inocuas maniobras institucionales con escaso resultado práctico para combatir la desigualdad y la crisis climática, se hace más necesario que nunca dar por enterradas las viejas respuestas e iniciar la elaboración de horizontes estratégicos que logren la síntesis del binomio sociedad justa y biosfera intacta.




En efecto, el capitalismo se encuentra en una dinámica destructiva y parece evidente que no dejará de explotar cualquier recurso en la huida hacia delante que emprendió, en su última fase, a partir de la crisis de 2008. Evidentemente, no se trata sólo de una cuestión temporal que responde a la crisis, sino de la propia naturaleza del capitalismo, que responde exclusivamente a la generación de beneficios, y por lo tanto necesita apropiarse tanto del trabajo como de la naturaleza con tanta intensidad como sea necesaria para su supervivencia. Por eso, no es de extrañar que los diversos movimientos de ultraderecha ataquen tanto las condiciones de trabajo como las luchas ecológicas, o que las Cumbres de Cambio Climático sean cada vez más inoperantes.

divendres, 14 de desembre del 2018

Selfies suicidas. Capitalismo, tecnología y pulsión de la muerte


La selfies son una de las derivaciones recientes de las innovaciones microelectrónicas que son presentadas como una notable expresión de libertad individual. Una de sus aristas perversas, y del capitalismo en general, es el incremento de muertes por las fotografías extremas. Una investigación realizada en los Estados Unidos registra 259 muertes en el mundo, ocasionadas por tomarse selfies en el período transcurrido entre 2011 y 2017. Esta cifra, que debe ser considerada como conservadora, indica la magnitud de lo que está ocurriendo con la utilización de esta “nueva tecnología” de la muerte. Vale la pena preguntarse que está detrás de esta epidemia de suicidios, y qué relación tienen con el capitalismo.




El capitalismo representa la imposición del individualismo compulsivo, entendido como la creencia ilusoria de que la sociedad no existe sino solo los seres individuales, como lo proclamó Margaret Thatcher, uno de las vedettes del capitalismo realmente existente. De eso se deriva la suposición de que el individuo es el centro del mundo, y nada puede oponerse a sus designios de maximización de ganancias, acumulación, superación y ruptura de cualquier límite. El individualismo egoísta, posesivo y hedonista es una característica central de la ideología capitalista que se ha universalizado en nuestra época. Solo existe el yo y no el nosotros

dimarts, 4 de desembre del 2018

De la “guerra comercial” a la guerra económica global


El capitalismo nos conduce de manera acelerada al colapso ecológico y a un abismo de mayor violencia, autoritarismo y desigualdad. Para desmantelarlo, se hacen necesarios diagnósticos certeros sobre su dinámica interna (principales apuestas, límites, conflictos), que nos permitan poner palos en la rueda capitalista a la vez que impulsamos alternativas que pongan la vida, el trabajo y el bien común en el centro.




En el ámbito económico, hasta el estallido financiero de 2008, imperaba un consenso multilateralista en la agenda hegemónica, que apostaba por acumular tratados comerciales, megaproyectos y organismos internacionales en favor del mercado global. Hoy, en cambio, son de actualidad conceptos como guerra comercial, proteccionismo, aranceles, complejo industrial-militar, disputa energética, cuarta revolución industrial (4RI), etc. Y estos definen la actual coyuntura, en el marco de una guerra económica a escala global.

divendres, 9 de novembre del 2018

Marx imprescindible


Desde el campo de la burguesía se afirma que, gracias al capitalismo, nunca había habido tanta gente saliendo de la pobreza, porque la mayoría inmensa de la población de los países desarrollados y emergentes gana más de 1,9 dólares al día, que es la línea de la pobreza. Es algo así como, “¿de qué os quejáis, si vivís mejor que vuestros tatarabuelos?”. Faltaría más, gracias al desarrollo económico y a la lucha de la clase trabajadora se han conquistado derechos que hubieran parecido un sueño: sanidad y educación públicas, sistema público de pensiones, seguro de desempleo, derecho a huelga…


Estatua de Marx y Engels en Berlín (Alemania)


Pero basta con ver lo que lleva sucediendo los últimos cuarenta años para ver que Marx tenía razón cuando afirmaba: “el propio desarrollo de la moderna industria contribuye por fuerza a inclinar la balanza cada vez más en favor del capitalista y en contra del obrero”. Todas estas conquistas están siendo desmanteladas o amenazadas, sin excepción en el mundo desarrollado. Y son un sueño para los trabajadores en los países emergentes como China o la India.

También consideran inadecuadas las cifras que establecen el umbral de la pobreza2. Es curioso que quienes suelen defender esa postura, es poco probable que estuviesen dispuestos a vivir con semejante cuantía, aunque les parece razonable que eso sea así para los demás.

Qué lejos quedan hoy las afirmaciones de que nos dirigíamos a una “sociedad del ocio y el bienestar”, un fenómeno que se suponía que iba a llevarnos cada vez a una sociedad con mejores condiciones de vida y más tiempo libre. 


dilluns, 5 de novembre del 2018

Desarrollo Sustentable, Pobreza y Capitalismo


Un concepto que todos hemos escuchado alguna vez es el de Desarrollo Sustentable. Quizás la definición mas difundida sea la de las Naciones Unidas, que se refiere a éste como un desarrollo que puede “garantizar el bienestar de las generaciones presentes sin comprometer el de las futuras”, sito en el informe de la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo que sirviera de base para la Conferencia de Naciones Unidas de Río de Janeiro de 1992.

Esta definición, tan escueta como poco esclarecedora, deja muchas puertas abiertas para que gobiernos y empresas multinacionales realicen su propia y conveniente interpretación, amparándose en la necesidad del crecimiento económico, para así satisfacer las necesidades (de consumo) de las generaciones presentes.





Que haya miles de millones de pobres no es producto de que el desarrollo económico no fuera suficiente para todos. En los últimos cuarenta años, hubo un gran crecimiento de la riqueza producida en el mundo, posiblemente hemos tenido la mayor tasa de crecimiento económico de la historia. Sin embargo las desigualdades, los pobres, los indigentes, los que no tienen acceso al agua potable, las enfermedades infectocontagiosas y la mortalidad infantil han aumentado. La brecha entre el 20% de los más pobres y el 20% de los más ricos que era de 1 a 30 en 1960; hoy es de 1 a 80.

dimarts, 2 d’octubre del 2018

El capitalismo y la explotación de las mujeres


Con gran capacidad pedagógica Alejandra Ciriza toma elementos de la historia, los trae al presente y proyecta lo que se viene, convencida de sus posiciones feministas y marxistas comparte, con un auditorio compuesto principalmente por jóvenes mujeres, todo su conocimiento y arranca aplausos y reflexiones.

En cierre del ciclo de formación “Estrategias del Capital y construcción de alternativas” impulsado por BASE-IS para el año 2018. Ciriza aborda al feminismo cómo una de las alternativas emancipatorias al capitalismo vigente.




La filósofa asegura que el movimiento feminista en América Latina viene haciendo un gran trabajo y explica que la explosión de este movimiento en los últimos años guarda relación con el acelerado proceso de descomposición de las relaciones capitalistas vigentes “que lesionan de manera más feroz los derechos de las mujeres, de las personas racializadas. Creo que el capitalismo sobredimensiona la explotación y la extorsión de las personas feminizadas y racializadas, entonces la respuesta que las feministas damos en el campo de la política tiene que ver con eso” señala Alejandra.

dimecres, 12 de setembre del 2018

Happiness, la "felicidad" que nos vende el capitalismo


La publicidad y todo el Aparato Cultural del capitalismo, promociona la idea de que la “felicidad” se alcanza consumiendo, comprando, poseyendo tal o cual producto publicitado, acumulando objetos, teniendo privilegios por encima de otros seres humanos. En realidad el concepto de “felicidad” que promueve y vende el capitalismo es una estafa que está destinada a encadenar a los seres humanos a un vacío existencial que genera un constante “consumo compensatorio” por un lado; y que por otro lado potencia el individualismo, pulveriza la solidaridad, y aliena profundamente buscando impedir el cuestionamiento de un sistema cuya estructura es medularmente injusta.



Los conceptos de “felicidad” y de “éxito” que promueve el capitalismo están destinados a la perpetuación del capitalismo, están parametrados según la exaltación del hedonismo, del individualismo, del egoísmo, todo aquello que en definitiva legitime ideológicamente un sistema basado en la explotación y el saqueo. 

En el Capitalismo, hay una clase explotadora (que posee los medios de producción), y una clase explotada. La clase explotada es la clase trabajadora, la que tiene que vender su fuerza de trabajo para subsistir, y a la que los capitalistas le roban la plusvalía de su trabajo. La clase explotadora se enriquece en base a la explotación de las y los trabajadores, y en base al saqueo de la naturaleza.