A más de dos semanas de la explosión de protesta anti-racista en Estados Unidos, los manifestantes no dan tregua y los grupos dominantes han sido momentáneamente puestos a la defensa, asustados por la magnitud del levantamiento, la primera resistencia de gran escala contra el estado policiaco global en el país mas rico y poderoso en el mundo. Sin embargo, si el movimiento no profundice el análisis de las causas subyacentes del racismo y por ende, dirigir las protestas más directamente contra dichas causas, será difícil que el levantamiento resista una contraofensiva desde arriba que buscará desarticularlo mediante una combinación de represión, reformas menores y cooptación,
Los poderes fácticos en Estados Unidos ahora se acogen al lenguaje de la “lucha contra el racismo sistémico”. Las élites políticas y económicas abrazan la justicia racial. Los ejecutivos de los grandes bancos y corporaciones cuyas políticas han sostenido la desigualdad racial ahora declaran su “solidaridad” con las comunidades agraviadas, al igual que los espadones de los Partidos Demócrata y Republicano, mientras intentan convertir en mercancía y logotipo corporativo la frase “black lives matter” (“importan las vidas negras”). La lucha anti-racista corre el riesgo de ser vaciada de su potencial transformador a menos que identifique y convierta en blanco el capitalismo como sistema que produjo y que continuamente reproduce el racismo. La opresión étnica, racial, sexual y de género no son tangenciales sino constitutivas del capitalismo. No puede haber una emancipación general sin la liberación de estas formas de opresión. Sin embargo, es igualmente cierto que no puede haber liberación de estas formas de opresión sin liberarnos del capitalismo.
La importancia de un levantamiento de millones de personas alrededor del mundo contra el racismo no puede ser menospreciada. Las fuerzas populares no pueden desperdiciar este momento de aguda crisis capitalista. Nos encontramos ante una encrucijada.
La importancia de un levantamiento de millones de personas alrededor del mundo contra el racismo no puede ser menospreciada. Las fuerzas populares no pueden desperdiciar este momento de aguda crisis capitalista. Nos encontramos ante una encrucijada.
