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dilluns, 6 d’abril del 2020

Covid-19: la urgencia de abolir las deudas ilegítimas y odiosas de los países del Sur


Este texto forma parte de la publicación titulada "El impacto en el Sur de las políticas financieras europeas y de las estrategias de cooperación para el desarrollo y las alternativas posibles”, preparada en el marco del proyecto ReCommonsEurope.

La pandemia del Coronavirus constituye un gravísimo problema de salud pública, y a menudo tendemos a olvidar que afectará especialmente los países del Sur global, cuyo sistema de sanidad pública, ya de por sí frágil, ha sido atacado por 40 años de políticas neoliberales. Bajo el pretexto de la austeridad presupuestaria para reembolsar las deudas públicas, los gobiernos y las grandes instituciones multilaterales como el Banco Mundial, el FMI y los bancos regionales como el Banco africano de desarrollo han deteriorado los sistemas de sanidad pública.


El edificio en construcción del Commercial Bank of Ethiopia domina el paisaje de Addis Abeba.

Desde 1980, los países del Sur han pagado 18 veces lo que debían en 1980 pero, al mismo tiempo, su nivel de endeudamiento se ha multiplicado por más de doce. Entre 2000 y 2018, la deuda externa pública de los países del Sur se ha más que duplicado, pasando de 1.3 billones a casi 3 billones de dólares. Según los datos del FMI, una nueva crisis de deuda ya está en marcha en una decena de países.

Contrariamente a la idea de que los países del Norte ayudarían a los países del Sur, un análisis de todos los flujos financieros Norte-Sur muestra que por cada euro enviado desde los países del Norte a los países del Sur (a través de la inversión extranjera directa - IED, Ayuda Oficial al Desarrollo - AOD, inversiones de cartera, ayuda privada, otros flujos oficiales), 3 euros toman el camino inverso (servicio de la deuda, beneficios repatriados por los inversores, evasión de capitales, bienes adquiridos ilegalmente, otros flujos financieros ilícitos). Se trata de un verdadero “sistema deuda” que mantiene a los países del Sur en una posición de dependencia de los llamados países desarrollados.


diumenge, 16 de desembre del 2018

DERECHOS HUMANOS : La guerra alimentaria. Hambreando al mundo


El control de las materias primas genera múltiples batallas con millones de víctimas, más que ningún otro conflicto haya provocado. Y no solo mata el hambre.

Dicen que si a las cosas no les ponemos nombres no existen. Así que cuanto antes bauticemos a la actual escalada militar que se ha convertido ya en una tercera guerra mundial, mejor. Antes la reconoceremos y antes podremos, tal vez, detenerla. Propongo llamarla la Guerra Alimentaria


Varias mujeres se dirigen al campo de refugiados de Jowhar, Somalia, huyendo de las fuertes lluvias y disputas en el país


Para decidir que hablamos de una guerra, según la Wikipedia, debemos focalizar “un conflicto que enfrenta violentamente a dos grupos humanos masivos, y que comporta como resultado la muerte, individual o colectiva, mediante el uso de armas de toda índole”. Pues bien, los dos grupos humanos masivos en conflicto están bien definidos. Generalizando, en un bando los países ricos del norte o países industrializados, en el otro los países del sur donde el sector primario sigue siendo el predominante (aunque ciertamente hay sures en los nortes, y nortes en los sures). Que la muerte es el resultado de este conflicto es algo obvio. Hablamos de millones de víctimas, cifras como nunca antes otra guerra ha provocado. Y aunque el conflicto que genera múltiples batallas es por el control de los alimentos, no solo de hambre mueren las víctimas. Las muertes de esta guerra alimentaria tienen muchas formas de presentarse. Tantas como armas de toda índole se están usando.