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divendres, 20 de desembre del 2019

Centralismo y nacionalidades en China De dos en dos



Los problemas relacionados con la arquitectura político-territorial son de enorme significación para la estabilidad de China. Hasta cuatro principales variables cabría identificar en este orden. Y van de dos en dos. En el primer grupo se debe hacer mención de la situación en las regiones autónomas de Tíbet y Xinjiang. Tras años de agitación, la cuestión tibetana ha adquirido el perfil de un conflicto de baja intensidad, lo cual no quiere decir que esté resuelta. Por el contrario, la problemática de los uigures, con la irrupción de un extremismo violento, se ha visto agravada en la última década. Esta circunstancia sirve de justificación oficial a las políticas de exacerbación represiva denunciadas en los últimos meses. En uno y otro caso, a pesar de la ausencia de grandes incidentes, el odio y el resentimiento se están cociendo bajo la superficie y la falta de confianza y de cohesión interétnica pasará una grave factura tarde o temprano.




En atención a las nacionalidades minoritarias, China reconoce legalmente su identidad diferenciada y su derecho al ejercicio de la autonomía, pero se trata de un marco poco evolucionado y en el cual la pirámide decisoria se remite siempre a la jerarquía partidaria. En ningún caso, a efectos prácticos, las autonomías en China pueden entenderse como una forma de compartir y ejercitar el poder, sino como una medida habilitada para atender a las especificidades de las zonas de las nacionalidades minoritarias. Las regiones autónomas representan el 64 por ciento del total de la superficie territorial del país. De las 55 minorías existentes, 28 cuentan con una muy pequeña población que no sobrepasa, en su conjunto, la cifra de 300.000 personas.

Los otros dos grandes problemas territoriales son de naturaleza diferente. Directamente asociados con la profunda crisis nacional china del siglo XIX, las cuestiones de Hong Kong y Taiwán plantean un desafío de grandes proporciones al Partido Comunista. En ambos casos, además de una realidad histórica que hoy pesa sobremanera en su imaginario colectivo, persisten unas condiciones sistémicas singulares difíciles de encajar en el marco continental. Y no es tanto el modelo económico de signo liberal como el afán por preservar una democracia política. La oferta del PCCh cristalizó en la fórmula “Un país, dos sistemas” pero si Beijing tiene que elegir, primero será el país y después los dos sistemas. La evolución de esta ecuación se plasmó críticamente en Hong Kong en los últimos meses.

divendres, 17 de novembre del 2017

Naciones sin nacionalidad, una cruda realidad solapada


Hay millones de personas en el mundo privadas del derecho a una identidad y sin nacionalidad. No se conoce el número exacto, por razones obvias, pero lo cierto es que su único pecado es pertenecer a una minoría étnica, religiosa o lingüística en un país en el que viven desde hace generaciones.


Nacido apátrida, este bebé obtuvo la nacionalidad en 2008 en Bangladesh.

“Las personas sin Estado solo buscan los mismos derechos básicos que todos los ciudadanos. Pero las minorías sin Estado, como la rohinyá, suelen sufrir una discriminación arraigada, y la sistemática negación de sus derechos”, señaló el alto comisionado para los Refugiados, Filippo Grandi, en el lanzamiento del informe “Este es nuestro hogar: minorías sin Estado y su búsqueda de ciudadanía”, a principios de noviembre.


dilluns, 13 de febrer del 2017

ECUADOR: REALIDADES Y NOCIONES QUE DEBERÍAN INTERESAR A LOS CANDIDATOS Ileana Almeida



Qué es un Estado Plurinacional?  

Es una forma de organización político-cultural que puede satisfacer las demandas de libertad y bienestar de los grupos humanos pertenecientes a distintas nacionalidades y/o pueblos de una manera más directa y eficaz que los Estados centralistas que responden básicamente a los intereses de una sola conformación nacional.



¿Es el Estado Plurinacional la solución a los problemas sociales de un país?

Sí, por lo menos, para algunos de ellos. El Estado centralista reprime, y a veces oprime, a las nacionalidades y pueblos menos desarrollados que incluye en su jurisdicción. Esas formaciones socio-culturales, por lo general, no tienen mayores posibilidades de expresarse con plena libertad. En algunos casos pueden trascender  fronteras o ser ajenos al entorno en el que han tenido que sobrevivir. Es lo que ocurre con los vascos, quechuas, saharauis, kurdos, mayas, etc.