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dissabte, 16 de maig del 2020

Deuda: el grillete que aprieta al municipalismo


Las medidas de austeridad, las imposiciones europeas y las Leyes Montoro bloquearon el margen de maniobra de los “municipios del cambio” colocando el pago de la deuda por encima del gasto social. Ha tenido que llegar el covid-19 para permitir que los ayuntamientos usen el superávit en servicios sociales y promoción social.

Más de 300.000 familias desahuciadas; enormes recortes en los presupuestos sociales; la única modificación de nuestra constitución y cambios legislativos que han recentralizado el poder —tanto en Madrid como en Bruselas— robando la soberanía a la ciudadanía… Todo ello con un factor en común: la deuda como principal herramienta de sometimiento.




¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE DEUDA?

Posiblemente la respuesta a esta pregunta, tan difícil de hallar, se corresponde con lo difícil que ha sido para el movimiento antideuda del Estado español conseguir la transversalidad y el alcance social para aunar las fuerzas necesarias en esta lucha tan importante. La deuda es la principal herramienta de sometimiento y dominación de quienes han ejercido y controlado el poder durante toda la historia. Pero no se agota allí. También es un sustento moral que ha impregnado todas las fases de la evolución antropológica del ser humano y de las sociedades; un pilar básico para sostener el status quo de aquellas personas que ocupan escalones privilegiados en sus estructuras sociales.

Ante el creciente ateísmo y pérdida de poder de las creencias religiosas que, en muchas ocasiones, son las encargadas de atemorizar al deudor, se han creado nuevos dioses. Bajo la batuta del capitalismo, estas nuevas deidades son quienes imponen ahora la ley de la deuda —de la mano de otros mandamientos sagrados de esta creencia depredadora: el libre comercio o el rechazo del intervencionismo estatal en la economía— e impiden que las decisiones democráticas se impongan a su religión.

Vestidos con trajes negros, los dioses del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) o la Organización Mundial del Comercio (OMC) se encargan de imponer su religión y castigar al pagano que ose contradecirla. El sistema financiero mundial, como brazo ejecutor de dicha creencia, se ha ocupado de atraer nuevos feligreses a su dogma mediante el esparcimiento de su tela de araña, el crédito.

dimarts, 14 de maig del 2019

Ecuador y el FMI: misma piedra, mismo tropiezo


Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. Sin importar quien lo haya dicho, la ortodoxia económica ecuatoriana parece no entender el enunciado: nuevamente, ha permitido el retorno del Fondo Monetario Internacional (FMI), que trae consigo la misma receta con la que ha condicionado al país en 16 ocasiones anteriores (1983 – 2003).




El 11 de marzo de 2019, el Gobierno de Lenín Moreno anunció que había llegado a un Acuerdo de Servicio Ampliado por 4.200 millones de dólares a tres años con el organismo multilateral de crédito, en una burda violación a la Constitución de 2008. Según los artículos 419 y 438, la ratificación de un tratado internacional requiere de la aprobación de la Asamblea Nacional y la Corte Constitucional, en caso de que este comprometa, “la política económica del Estado establecida en su Plan Nacional de Desarrollo a condiciones de instituciones financieras internacionales o empresas transnacionales.

A pesar de ello, y aproximadamente dos semanas después, el Ministerio de Economía y Finanzas publicó la carta de intención[2] con las propuestas que emprendería el régimen. Esta nueva declaración de voluntad se convierte en la décima séptima ocasión en la que que el Ecuador emprenderá reformas estructurales para satisfacer las condicionalidades del FMI, que en el pasado han demostrado tener un costo altísimo a nivel de estabilidad macroeconómica, derechos y avances sociales.

dilluns, 30 de gener del 2017

Innovador modelo de crédito rescata a agricultores hondureños


- En esta aldea del sur de Honduras, en una de las zonas deprimidas del país, el acceso al crédito es escaso, la banca no apoya a la agricultura y la naturaleza castiga con constantes sequías extremas. Pero desde hace dos años, otra historia empieza a forjarse.

Pero desde hace dos años, otra historia empieza a ser forjada desde Paso Real, una aldea de unas 60 familias con un total de poco más de 500 personas, en el municipio de San Antonio de Flores, a 72 kilómetros de Tegucigalpa.

Aquí un grupo de agricultores familiares de un poco más de 100 personas se cansó de tocar las puertas de la banca para un crédito blando y apostó por un nuevo modelo de financiamiento que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) decidió experimentar en este país centroamericano.


Trabajadores del Grupo Ideal, una empresa participativa de la aldea de Paso Real, extraen tilapias ya listas para su comercialización, en la represa José Cecilio del Valle. Un innovador sistema de crédito ha venido en auxilio de la agricultura de la deprimida región de Honduras y de sus pobladores, excluidos por el sistema bancario



La iniciativa se conoce como centros financieros de desarrollo (CFD) y de momento se aplica solo en dos regiones deprimidas de Honduras: en Lempira, en el occidente del país, y en la Mancomunidad de Municipios del Norte de Choluteca (Manorcho), al sur.

Ambas zonas forman parte del llamado corredor seco de Honduras, que conforman al menos 12 de los 18 departamentos del país, afectados por el impacto del cambio climático.