Las medidas de austeridad, las imposiciones europeas y las Leyes Montoro bloquearon el margen de maniobra de los “municipios del cambio” colocando el pago de la deuda por encima del gasto social. Ha tenido que llegar el covid-19 para permitir que los ayuntamientos usen el superávit en servicios sociales y promoción social.
Más de 300.000 familias desahuciadas; enormes recortes en los presupuestos sociales; la única modificación de nuestra constitución y cambios legislativos que han recentralizado el poder —tanto en Madrid como en Bruselas— robando la soberanía a la ciudadanía… Todo ello con un factor en común: la deuda como principal herramienta de sometimiento.
¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE DEUDA?
Posiblemente la respuesta a esta pregunta, tan difícil de hallar, se corresponde con lo difícil que ha sido para el movimiento antideuda del Estado español conseguir la transversalidad y el alcance social para aunar las fuerzas necesarias en esta lucha tan importante. La deuda es la principal herramienta de sometimiento y dominación de quienes han ejercido y controlado el poder durante toda la historia. Pero no se agota allí. También es un sustento moral que ha impregnado todas las fases de la evolución antropológica del ser humano y de las sociedades; un pilar básico para sostener el status quo de aquellas personas que ocupan escalones privilegiados en sus estructuras sociales.
Ante el creciente ateísmo y pérdida de poder de las creencias religiosas que, en muchas ocasiones, son las encargadas de atemorizar al deudor, se han creado nuevos dioses. Bajo la batuta del capitalismo, estas nuevas deidades son quienes imponen ahora la ley de la deuda —de la mano de otros mandamientos sagrados de esta creencia depredadora: el libre comercio o el rechazo del intervencionismo estatal en la economía— e impiden que las decisiones democráticas se impongan a su religión.
Vestidos con trajes negros, los dioses del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) o la Organización Mundial del Comercio (OMC) se encargan de imponer su religión y castigar al pagano que ose contradecirla. El sistema financiero mundial, como brazo ejecutor de dicha creencia, se ha ocupado de atraer nuevos feligreses a su dogma mediante el esparcimiento de su tela de araña, el crédito.

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