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dilluns, 1 de juny del 2020

Las multinacionales no sienten cariño, Mercedes tampoco


No por previsible, el drama del cierre de Nissan resulta menos doloroso. Miles de familias que pierden su modo de vida. Trabajadores y trabajadoras que se dejaron la piel en sacar adelante una fábrica, que hicieron suyos los objetivos de la empresa, y que ahora ven cómo esa empresa les da la espalda y les abandona a su suerte.

Es el mercado global, deslocalizado y aséptico el que dicta las normas de quién se mantiene y quién desaparece. Cuando hay una multinacional por el medio, las emociones y los afectos no tienen cabida. Un trabajador puede cogerle cariño a la empresa para la que trabaja, pero ese sentimiento nunca será recíproco.




Los y las verdes llevamos años diciendo que la industria del automóvil es un mercado en declive, que llegó a su cénit en el momento en que la crisis de 2008 dictó un precio de 200 dólares para el barril de petróleo, al tiempo que la gente se quedaba sin ingresos suficientes para comprar y almacenar varios coches por familia.

Según los datos oficiales de la Organización Internacional de Fabricantes de Vehículos a Motor (OICA), entre 2011 y 2019 se han fabricado 13 millones de vehículos más de los que se han vendido, lo que equivale a un excedente anual de 1,5 millones de vehículos. Insostenible, ¿verdad? Yo también lo creo.

dimarts, 20 de novembre del 2018

CONTAMINACIÓN • Una de dos: El culto al automóvil, o un planeta donde vivir


Un símbolo del nivel de vida de una persona o familia, es en estos días y sin lugar a dudas, el automóvil que se posee. Este se ha convertido, en una especie de Dios con cuatro ruedas, un dios que a la larga va poniendo a quienes profesan su religión, a su servicio. Y a seguidores y detractores a padecer de su devastadora ira contaminante, depredadora y letal.

Muchos trabajan mas y mas sólo para pagar los gastos del automóvil, otros por sus actividades, se pasan gran parte del día en él.

Los accidentes de tránsito matan o hieren en forma directa cada año a más personas que cualquier enfermedad terminal y eso sin contar la degradación del planeta que se efectúa diariamente, como una ofrenda necesaria para mantener contenta a esta deidad, y que lo multiplica hasta el infinito como causal de mortandad y padecimientos en nuestra salud.




Con todo esto no estamos diciendo que todos deberíamos salir corriendo mañana a vender el auto o dejar de utilizarlo. Solamente reflexionamos sobre una parte de nuestra cultura que está generando graves problemas al Planeta y que necesariamente tendrá que modificarse para que la vida en la Tierra siga siendo posible.

Sin embargo, sí decimos que se deben buscar alternativas al automóvil. Mejorando y alentando el uso del transporte público, fundamentalmente los trenes, tranvías y subterráneos y aumentando la cantidad de ciclovías y de sendas peatonales en las ciudades.

dijous, 16 de juny del 2016

MALOS HUMOS Y MUCHOS EUROS: QUÉ HAY DETRÁS DEL CASO VOLKSWAGEN


Volkswagen ha trucado los motores de sus coches. Once millones de automóviles. La noticia corrió como la pólvora, a rebufo de los medios tradicionales y las redes sociales. Poco después nuevas firmas automovilísticas añadieron su nombre a la lista de tramposos. ¿Qué implican los engaños de la, hasta entonces, reputada industria alemana?, ¿a quién perjudican?, ¿qué hay detrás?

“El problema de que trucan sus ordenadores de a bordo para decir que emiten menos contaminación de la que emiten es para toda la sociedad”, arranca el catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alcalá, Antonio Ruiz de Elvira, quien introduce un primer elemento de análisis: los engaños no son de una única marca.

Hablar del automóvil es hablar de petróleo. Sin medias tintas ni calificativos. La automoción proporciona al negocio del petróleo miles de millones de clientes, recuerda Jordi Ortega. “Hay endogamia entre la industria del automóvil y las refinerías. El diésel es un largo rodeo a la reducción de emisiones de dióxido de carbono, cuando el futuro será la electro-movilidad”, añade. Porque si los coches con motor de gasolina emiten CO2, la alternativa que la industria se ha inventado, el diésel, produce otro tipo de contaminación peligrosa.

“El diésel era un producto de desecho de las refinerías. No se utilizaba salvo en los barcos. En un momento dado las petroleras “convencieron” a los Gobiernos de que se podía utilizar ese aceite para aumentar al doble sus ganancias