Un símbolo del nivel de vida de una persona o familia, es en estos días y sin lugar a dudas, el automóvil que se posee. Este se ha convertido, en una especie de Dios con cuatro ruedas, un dios que a la larga va poniendo a quienes profesan su religión, a su servicio. Y a seguidores y detractores a padecer de su devastadora ira contaminante, depredadora y letal.
Muchos trabajan mas y mas sólo para pagar los gastos del automóvil, otros por sus actividades, se pasan gran parte del día en él.
Los accidentes de tránsito matan o hieren en forma directa cada año a más personas que cualquier enfermedad terminal y eso sin contar la degradación del planeta que se efectúa diariamente, como una ofrenda necesaria para mantener contenta a esta deidad, y que lo multiplica hasta el infinito como causal de mortandad y padecimientos en nuestra salud.
Con todo esto no estamos diciendo que todos deberíamos salir corriendo mañana a vender el auto o dejar de utilizarlo. Solamente reflexionamos sobre una parte de nuestra cultura que está generando graves problemas al Planeta y que necesariamente tendrá que modificarse para que la vida en la Tierra siga siendo posible.
Sin embargo, sí decimos que se deben buscar alternativas al automóvil. Mejorando y alentando el uso del transporte público, fundamentalmente los trenes, tranvías y subterráneos y aumentando la cantidad de ciclovías y de sendas peatonales en las ciudades.

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