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dijous, 4 d’octubre del 2018

¿Cómo educar mientras asesinan a miles de personas que quieren llegar a Europa?


El último curso escolar acabó con la llegada de barcos llenos de personas inmigrantes a los puertos de Valencia y Barcelona, ​​y también con la muerte de muchas más ahogadas en el mar Mediterráneo.

Vivimos el rescate de las doce criaturas y su monitor en una cueva de Tailandia: los medios de desinformación y las redes sociales estuvieron muy pendientes de su suerte. Mucha menos repercusión tuvieron (y tienen) los niños muertos en el Mediterráneo.




Continuamos viviendo en un mundo donde crecen las desigualdades, los comportamientos racistas, la explotación de las personas y la hipocresía de los que tienen poder. Todo lo contrario de lo que queremos inculcar en las aulas muchos maestros y, desde casa, muchas familias. Puede ocurrir que muchos niños vivan como algo habitual el ahogamiento sistemático de miles de inmigrantes; o bien, ver tratado como ilegal o delincuente a quien no ha cometido otro delito que intentar llegar a otro país porque en el suyo no tiene futuro.

diumenge, 17 de juny del 2018

Un fantasma recorre Europa: la hipocresía


Matteo Salvini, el fulgurante líder de la Liga Norte y nuevo Ministro italiano del Interior, se considera a sí mismo católico y aparece en los mítines con un rosario en la mano. Una mano que, a su vez, no le tiembla al cerrar los puertos de su país a barcos repletos de seres humanos y al alegrarse, sin ocultarlo, de quitárselos de en medio como si de un triunfo deportivo se tratara. Sin embargo, su tocayo de hace más de dos mil años, el evangelista Mateo, recogía así las palabras de quien es considerado por el catolicismo, la religión que Salvini dice profesar, como el mismísimo hijo de Dios: “Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me acogisteis” (Mt 25:35).




En general, este patrón de contradicciones insalvables e hipocresía manifiesta se repite a lo largo y ancho de toda la extrema derecha europea. Desde los confines de la Rusia occidental a los grupúsculos de franquistas españoles, pasando por el Frente Nacional de Le Pen o por la AfD alemana, el neofascismo del viejo continente dice defender la comunidad y los valores tradicionales y benéficos aparejados a ella, pero no duda en apoyar las políticas neoliberales que fragmentan la sociedad y potencian el individualismo egoísta y la competitividad deshumanizadora. Se cree baluarte del cristianismo y su tradición acumulada durante siglos, cuando en verdad constituye el máximo ejemplo de ideario anti-cristiano y contrario a una mínima concepción de la dignidad humana.

dijous, 10 de març del 2016

Europa era una fiesta



En los últimos días se han aprobado dos pactos vergonzosos en el Consejo Europeo. Por un lado, el pacto con Reino Unido por el cual podrá discriminar a los trabajadores en función de su pasaporte para controlar la inmigración –fantasma del Brexit mediante–, y en el otro flanco, el histórico y siniestro pacto con Turquía, la capitulación del sueño de una Europa justa y solidaria: les pagaremos 6.000 millones de euros para que laven nuestras manos manchadas, facilitaremos al Gobierno autoritario de Erdogan acceso a la Unión Europea y visados, a cambio de que ejerza de barrera/portero ante unos refugiados a los que hemos dejado apátridos con nuestra política exterior reciente, en busca de los recursos que devoramos en el aquelarre consumista mal llamado “primer mundo”. Que más bien parece la antesala del último. El Muro de la Vergüenza en mayúsculas renace en Turquía.

Europa vive inmersa en una gran fiesta en la que casi nadie quiere que la música se detenga, una música un tanto sórdida, de esas que hacen prever que ya queda poco para que enciendan las luces del tugurio. Aparte del flamante portero turco también hay reservados para VIP como Reino Unido o Alemania. Europa es como una discoteca en la que a uno le dan ganas de todo menos de permanecer, salvo a las élites, ellas están más cómodas que nunca. Pues jamás fue la UE un intento de equiparar derechos y deberes, ni de ayudar a los más desfavorecidos siquiera dentro de sus propias fronteras. Valga lo ocurrido en Grecia como ejemplo. Siempre fue un proyecto de las oligarquías –en principio del carbón y del acero, luego de las financieras, si es que no son las mismas– para buscar mercados más homogéneos y, por tanto, controlables. Por eso la desigualdad ha conocido su mejor época desde que Europa es una fiesta. La fiesta de la plutocracia y la hipocresía. Nobel de la Paz incluido.